6.08.2008
El lagar de Dios
Hoy estuve toda la tarde sentado en un funeral.
La muerte de la persona que velábamos, pese a que significaba un gran alivio para su familia, no dejaba de mostrarnos la misma cara de siempre: en la vendimia somos la fruta, y la mano no siempre quiere ser caprichosa.
Yo era el intruso, pero me placía atestiguar reencuentros pactados sobre el mutismo y la causalidad.
Gentes que dejaron todo atrás, alguna vez, y aquí se abrazaban sin manifestar lo consabido: cada cual guarda en otro las estampas más vívidas, los detalles que volverán a dar fe de su verdadera condición.
Se comienza a evocar en el momento de abrir la puerta cerrada hasta entonces. Viene un rostro, y trae consigo una oleada de imágenes.
Somos un pueblo adicto a cavar tumbas prestadas.
Abastecemos el lagar de Dios, destilamos el zumo que quisieron verter hoy, néctar que no saben añejar los escanciadores.
Damos tierra a los muertos de otros porque ni nos enteramos dónde mueren los nuestros.
Eso pensaba yo en el funeral, y el mismo sol que abrasa la tierra que no veré, se hundía rojo detrás de los pinos.
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10 comentarios:
Lo siento, Manuel. Saludos.
Triste y hermoso Manuel, terrible esa sensación de desapego, de destierro, de orfandad porque en el fondo la muerte del otro, ese ser querido que no volveremos a ver es también un poco morir nosotros…un abrazo
Y hoy estuve de entierro.
Gracias a ustedes por sus palabras.
Era la abuelita de mi esposa.
Nos vemos!
nuestras condolencias, maestro sosa.
Compadre, lo siento mucho.
Gracias, mis amigos. Uff, tengo mil cosas en la agenda...Back to the routine!
Parece que alguien se entretiene ahora en poner la frase "El autor ha eliminado esta entrada" y firma "comentario suprimido". Muy original.
Mi pésame.
Requetebuena meditación.
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