11.04.2008

Un día normal


No tuve que madrugar ni esperar mucho tiempo en esta, mi primera votación. A la hora de marcar mis preferencias (no muy entusiastas, valga aclarar) pensé por unos segundos que hubiera sido un buen chiste votar por el candidato libertario, Bob Barr. Pero no me atreví. De todo el proceso, lo más grato fue comprobar el buen ánimo de mis vecinos: los típicos blancos sureños enfrascados en animada conversación con los afroamericanos. Nadie hablaba de política o economía. Al parecer, aquella larga fila era un acto rutinario, donde se trataban los temas de siempre, con la inmediatez y familiaridad de todos los días. La única observación concerniente a la elección presidencial provino de una anciana de raza negra, quien dijo que esta noche iba a seguir los pormenores del mismo modo que seguía los partidos de football: frente al televisor, un vaso de café en la mano y agitando algún gallardete. Nada indicaba que fuera este un día inusual. Mientras la esencia americana pueda definirse por este tipo de espacios inalterables, no importará quién gane en las urnas.
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2 comentarios:

Ernesto G. dijo...

Amen to the last sentence.

TIROFIJO dijo...

http://tirofijomalanga.blogspot.com/2008/11/voto-de-castigo.html