
Era en aquellos días, cuando los canales de televisión del sur de la Florida entraban a nuestros KRIM-218, que gastaba mi tiempo tratando de descifrar las reglas de aquel deporte extraño: hombres forzudos y pintorescos que luchaban con denuedo sin herir al contrincante. Cuando todo parecía acabado para aquel que caía a la lona, el otro lo golpeaba sin golpearlo, puro amago y mucho esmero en el simulacro. Pues yo pensaba que los luchadores se limitaban a seguir una ley estricta, de lograr ventaja sin necesidad de inutilizar a nadie. Si me hubiesen dicho que todo aquello era mentira, no lo hubiera creído. Pues ¿qué hacía allí tanto público vitoreando?, ¿quién era capaz de pagar por ver un combate fingido? Para nosotros, tan acostumbrados al boxeo de sangre y golpes implacables, no era concebible una pelea donde había más de coreografía que de fuerza o destreza.
Muchos años después me explicaron que los luchadores requieren de mucha técnica para ejecutar ciertas maniobras y cabriolas, y que la gente gusta de apreciar esos detalles, aparte del carisma y lo atractivo de los personajes que se fabrican para animar el espectáculo. Imaginé entonces que esa misma justificación la tendrían los saltimbanquis y los payasos del circo, porque no todo el mundo puede ejecutar saltos mortales o asustar a los niños sin haberse preparado o maquillado adecuadamente.
Y así, Jesse Ventura, The Body, un gladiador y hombre de acción, desenvuelto y armado hasta los dientes de liberalismo y “política del cuerpo”, llegó a ser gobernador de Minnesota. No es de extrañar que un hombre incapaz de improvisar en el cuadrilátero, acostumbrado a seguir su libreto de “ahora tú te dejas agarrar y entonces yo te inmovilizo”, haya hecho sus cuantos papelazos mediáticos. Nada más había que ponerlo delante de un micrófono. Sin dudas, el experimento se agradece: le abrió el camino al non-traditional statesman, al que acuden los votantes que han perdido toda esperanza. Nosotros, en Latinoamérica, estamos dando el ejemplo.
Ventura recién ha declarado que le gustaría ser el futuro embajador de Estados Unidos en Cuba. Sus credenciales: viajó a la isla en el 2002, conoció personalmente a Castro (algo de lo que alardea con frecuencia) y sobre todo, la frase que le dedicó el dictador: “Es usted un hombre de mucho valor”.
La idea no es mala, si se mira desde el punto de vista coreográfico, dada la cantidad de espectadores que convocaría una posible reanudación de lazos diplomáticos entre las dos naciones. ¿Quiénes ganarían más con tal jugada, los norteamericanos o los cubanos? Seríamos testigos de otro tipo de justa ilusoria, pactada de antemano, dictada por la ingenuidad de los propios organizadores. Y es que los norteamericanos, como en la lucha libre que les apasiona, pueden perder siempre con la condición de que haya dividendos y mucha publicidad a su favor. Y aplausos, muchos aplausos.
Muchos años después me explicaron que los luchadores requieren de mucha técnica para ejecutar ciertas maniobras y cabriolas, y que la gente gusta de apreciar esos detalles, aparte del carisma y lo atractivo de los personajes que se fabrican para animar el espectáculo. Imaginé entonces que esa misma justificación la tendrían los saltimbanquis y los payasos del circo, porque no todo el mundo puede ejecutar saltos mortales o asustar a los niños sin haberse preparado o maquillado adecuadamente.
Y así, Jesse Ventura, The Body, un gladiador y hombre de acción, desenvuelto y armado hasta los dientes de liberalismo y “política del cuerpo”, llegó a ser gobernador de Minnesota. No es de extrañar que un hombre incapaz de improvisar en el cuadrilátero, acostumbrado a seguir su libreto de “ahora tú te dejas agarrar y entonces yo te inmovilizo”, haya hecho sus cuantos papelazos mediáticos. Nada más había que ponerlo delante de un micrófono. Sin dudas, el experimento se agradece: le abrió el camino al non-traditional statesman, al que acuden los votantes que han perdido toda esperanza. Nosotros, en Latinoamérica, estamos dando el ejemplo.
Ventura recién ha declarado que le gustaría ser el futuro embajador de Estados Unidos en Cuba. Sus credenciales: viajó a la isla en el 2002, conoció personalmente a Castro (algo de lo que alardea con frecuencia) y sobre todo, la frase que le dedicó el dictador: “Es usted un hombre de mucho valor”.
La idea no es mala, si se mira desde el punto de vista coreográfico, dada la cantidad de espectadores que convocaría una posible reanudación de lazos diplomáticos entre las dos naciones. ¿Quiénes ganarían más con tal jugada, los norteamericanos o los cubanos? Seríamos testigos de otro tipo de justa ilusoria, pactada de antemano, dictada por la ingenuidad de los propios organizadores. Y es que los norteamericanos, como en la lucha libre que les apasiona, pueden perder siempre con la condición de que haya dividendos y mucha publicidad a su favor. Y aplausos, muchos aplausos.
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6 comentarios:
non traditional statesmen: chavez, evo...
pobres robaina y felipito...hubieran llegado lejos por ese camino non traditional.....
fr
"Y es que los norteamericanos, como en la lucha libre que les apasiona, pueden perder siempre con la condición de que haya dividendos y mucha publicidad a su favor. Y aplausos, muchos aplausos".
Y es que a los cubanos que estan en el poder tambien le gustan los jueguitos de roles, donde parecen que estan dando tremendas patadas y es solo de mentirita...pueden perder y hacerse las victimas siempre con la condición de que haya dividendos y mucha publicidad a su favor.
saludos Sosa
OK... aunque ese juicio final no vale si el "gringo" es niche, a menos que sea maricón o keniano.
The guy's a clown, bro. A fucking walking shadow. Full of sound and fury, signifying nothing.
acaba de morir Benedetti
Gracias, amigos. Hay baile, vamos a ver...
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