
Hace 20 años fuimos a recoger aquel pergamino que nos certificaba como Licenciados en Educación. Casi todos creíamos en aquello de diseminar nuestra propia luz, llevando la pedagogía a flor de labios, aunque fuera en lengua enemiga. Recuerdo mi último viaje en tren, el de regreso, y los sentimientos encontrados que me impedían pensar con claridad. Por una parte, el título garantizaba la independencia económica, mi propio sueldo, no tener que acudir al ruedo familiar para rogarles el sustento. Por la otra, se dejaba atrás el ámbito de la escuela, la despreocupación y la camaradería. A partir de entonces tendríamos que asumir responsabilidades, buscar un propósito. De nuestro grupo recuerdo dos rasgos distintivos: la inteligencia y la honradez. Ninguno fue soplón, ninguno fue cobarde. Nos separamos hace media vida y aún nos seguimos comunicando. Creo que pudimos vivir del sueldo sólo un par de años, pues la debacle no tardó en llegar. De aquellos 35 egresados, apenas si quedarán unos diez ejerciendo su profesión. Nos hemos regado por el mundo: Edmonton, Miami, Atlanta, Barcelona, Viena… Y seguro que muchos, como yo, ni sabe ya dónde guardó aquel pergamino que certificó el fin de la inocencia.
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8 comentarios:
Hiciste bien en recoger el diploma en su dia. Los que no se acordaron de él hasta que se quisieron ir del país han tenido que pagar buen dinerito...
Mucha gente dispersa, no? Every one.
No, lo que la gente tenia que recoger era la llamada "certificacion de notas", por la que cobraban caro si te ibas del pais.
Pues mi hijo perdió el diploma y cuando volvió el año pasado no hubo manera de que le quisieran hacer otro.
Hola Manuel.
He llegado hasta aquí de forma casual: Buscando una imagen en Google.
Quiero felicitarte por tu blog, me parece muy interesante. Muchas gracias por el rato tan ameno que he pasado leyéndote.
Te agrego a Favoritos y me pasaré a leerte con frecuencia.
Saludos cordiales.
Gracias, Gloria. Un placer tenerte.
Manuel, Me traen muy buenos recuerdos el parque Leoncio Vidal y ese hotel donde fui muy feliz. un saludo desde Barcelona y éxitos.
A ti, Jorge Ignacio, que mantienes un blog imprescindible, sobre todo cuando nos cansamos de tanta gritería. Saludos.
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