10.15.2009

Criticar al crítico

La crítica literaria cubana usa dos disfraces. Con el primero atiende lo general y lo mediato. Con el segundo examina lo particular y toda la inmediatez que se le pida. Así entonces, cuando se le interroga sobre el estado de la literatura actual, se pone severa y sentenciosa. Descree de tanta escritura desarraigada, llámese exilio o periferia; y sospecha a la vez de la prolijidad del relato insular, visto como consumación de los nuevos poderes. Es una crítica nostálgica, que evoca un pasado reciente ya canónico y que hoy se asume irrepetible, tal como van los destinos.

Pero toda esa severidad se deshace a la hora de ejemplificar porque, precisamente, no se preocupa por, ni sabe ejemplificar. La crítica examina el libro de turno, ese que se recibió por gentileza del autor o la editorial, y se pierde en la generalización. Un libro que tan bien representaría la decadencia que harto se pregonó, resulta ser otra de las muchas excepciones. Porque al mes siguiente se recibirá otro libro en el correo y tendrá su reseña favorable. Una literatura agotada y retórica, pero atiborrada de textos magníficos, según los críticos.

Aclárese el dato: la crítica literaria es dadivosa cuando se torna específica, y también piadosa cuando prefiere la mordaza. Un libro fallido no merece pormenores. Es mejor el silencio que la confrontación o la condena de ser vistos como nuevos “Scottish reviewers”. El enojo de Byron sigue corriendo en las venas antillanas. Nuestros críticos no saben, no quieren afilar sus lápices rojos. Aquí sólo caben ciertas palabras, como puro ejercicio de antonimia: bullicio y mudez; adulación y desprecio. Para unas, sobran ejemplos; para las otras, páginas.

Recién hemos descubierto que nuestra nación padece un excedente de poetas y novelistas. No se necesitan pruebas de ello; basta el sentimiento de culpabilidad que nos sobrecoge al sentirnos parte de esa masa sedienta. El ingenio justifica la frase. ¿Qué ocurrió para que este país haya tenido que refugiarse en el mundo del espejo, en la ilusión de creerse artífice de algo?

Si aseguramos que donde abunda lo ordinario escasea la excelencia, podrá salvarnos el sentido de alerta que aviva tal desconfianza. Sin embargo, la crítica literaria cubana ha perdido ese filo avizor, porque apuesta a la resurrección de un cadáver largamente velado y ya emancipado por la propia tierra. Confían en el retorno de la palabra calada en el Ser, en forma de corpus que imanta los fragmentos útiles. Esta crítica nunca ha sabido reconocer las verdaderas lagunas de la antología que defiende. Se han alejado del texto para invocar posibles cosmogonías; han promovido una equivocada noción del ingenio insular, confundiéndolo con la volubilidad; transvasan credos, del sujeto a la obra, y viceversa; han procurado “entender” a fuerza de raciocinio…

La gran literatura cubana, si vuelve, si hace falta, si es que existe o existió, sabrá reinventarse allí donde menos la espera el comité de bienvenida con sus fagotes y flautines y panderos. Lo imprevisible como golpe de gracia, ansiando otro tipo de armonía, esa que nadie atina a reconocer.
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7 comentarios:

cochinillo ilustrado dijo...

Reflexión interesante, pero falta de evidencia. Demasiadas generalizaciones, demasiadas tesis, y ningún ejemplo para demostrarlas. ¿A qué críticos te refieres? Aunque resten elegancia, a veces las citas y las referencias son necesarias.

Manuel Sosa dijo...

Yo mismo me dije, antes de colgar esto: ¿y tú también te vas a perder en generalizaciones? Pero hablo de la crítica literaria cubana actual, aunque esté pensando en dos o tres nombres específicos. Reconozco que sería mejor pormenorizar; así y todo prefiero no llegar a eso. También se pudiera pensar en un "estado crítico" que viene de los propios autores.

No hay muchas tesis, me imagino. Mi idea es esta: la crítica cubana, siempre parca, se muestra pesimista con relación al estado actual de la literatura cubana. Pero todo lo que leo en las revistas son reseñas elogiosas. Y de ciertos libros, algunos bastante polémicos, silencio absoluto. ¿No estamos escasos de esa crítica?

En fin, lo que quería era golpear la puerta, a ver si alguien levantaba el trasero de su silla. Ja ja.

Saludos y gracias por tus reparos, que me parecen justos.

Anónimo dijo...

AL menos debieran explicarse mejor.

Juan C Recio. dijo...

Y que me dices de los que teniendo una obra pésima se meten a criticos, creo que son los peores porque quieren esconder su falta de talento, otros se llenan de tantos términos y lexicos que no hay Dios que le haga una traducción, al final, tiene dos párrafos suyos y el resto son citas. Pero hay una categoría peor, los que inventan nombres de generaciones y lo meten a uno en problema, un día mi madre nos traía café a un grupo de escritores reunidos por azar en una tertulia y oye cuando me decían, tu eres de los novísisimos y ella, con ese sentido maternal respondió, el era novísimo la semana pasada, y la anterior post moderno, si siguen así ahorita no le dejan ni su apellido.

Anónimo dijo...

Sucede igual con los pintores. Cuantos no se meten a criticos y a curadores y entonces se dedican a denostar a sus antiguos companneros, o cuanto menos a elegir a quienes les conviene, killing time...

cochinillo dijo...

Sí, estoy de acuerdo con tu observación: cuando atiende a lo particular, elogiosa; cuando a lo general (la literatura cubana), lo contrario. ¿Se acuerdan de aquello de Marinello sobre la "indigencia de la crítica literaria en Cuba"? tengo la impresión que tanto la crítica como la literatura atraviesan un bajón; incluso diría que la crítica está peor.

Jorge Alejandro Camacho dijo...

Me parece interesante la provocación, porque mas que argumentos juiciosamente desarrollados encontramos el relampago de una percepción, con la conciencia de que el pintor hace parte del cuadro. En el fondo de estas afirmaciones hay una pregunta que cada quien ha de responderse. Es un buen regalo.