Inglés: ¿Quieres comenzar por el nombre? Mucha gente insiste en llamarte Castellano. ¡Localismos que prevalecen!
Español: ¿Lo dices por lo de Anglosajón? ¡Primitivismos que prevalecen!
Inglés: Si lleváramos el debate al plano de la sonoridad, no te quedarían deseos de continuar. ¿Por qué no hablamos de las literaturas que nos ilustran?
Español: No me siento incómodo con el asunto de la sonoridad. Basta leer en alta voz a San Juan de la Cruz para comprobar la fluidez que me caracteriza, la exquisitez…
Inglés: ¡Los bardos, siempre rompiéndose la cabeza con tu monotonía! ¡Cuántas cosas dejaron de plasmar en el papel para evadir esa pobreza! “La alada caravana andaba tan mansa”. Imagina que alguien escriba por accidente esa frase. Escucha: “a aaa aaaa aaa a aa”. Pero esos accidentes no ocurren conmigo, que poseo al menos doce sonidos vocálicos bien diferenciados. Y tú, ¿cinco? ¡Por favor!
Español: O sea, que te envaneces de algo que abochorna al Vietnamita, el tener un armario lleno de sonidos vocálicos. Además, nadie es capaz de concebir un verso tan malo.
Inglés: Sabes bien que lo del Vietnamita es una abominación. Y también sabes que esa gente no articula. Se limitan a gemir y maullar.
Español: Ha de reconocerse que soy todo un reto a la hora de hacer literatura. Y pudiera ilustrarte sin ningún problema. Cuando se me utiliza con efectividad, sueno más creíble que tú.
Inglés: Concedo que algunos te hacen sonar bien. Salvo los traductores, pobres gentes que cuando tienen que enfrentarse a una trasposición mía, no dan con la clave. Si tropiezan con un poema donde abundan las formas del pasado, no saben qué hacer con tus correspondencias. Imagina un par de versos donde aparezcan: wept, loved, praised, left… ¿Qué van a transcribir: lloró, amó, alabó, partió? ¡Imposible de traducir!
Español: No puedo dejar pasar la oportunidad para recordarte que la mitad de tu léxico se compone de monosílabos, algo típico de esas lenguas que graznaban los bárbaros: thick, rock, laugh, fat, look… Debes agradecer a mi difunto primo Normando el regalo de palabras más sofisticadas, por decirlo de alguna manera.
Inglés: ¡El infame Guillermo, que al cabo nos inundó de tanta afectación y pedantería léxica! Como siempre ocurre, ese mestizaje tengo que sobrellevarlo de la mejor forma, pero sabes que la mayoría de esas palabras normandas ya las teníamos, y sobradas. Me parece peor la carga que llevas tú, con una veta árabe que me produce náuseas.
Español: Es una contaminación minúscula, que he sabido aprovechar. El elemento exótico, ¿no? Mira tú con esos sonidos ridículos: shoe, pleasure, wood. La boca adopta posiciones risibles, y el ruido que se emite es puro efecto malogrado…
Inglés: Ah, porque también te aventajo en sonidos consonánticos, y en expresividad. Mis onomatopeyas son fieles, y las tuyas no pasan de imitar un cascajo o un tronco seco. Más respeto a la lengua internacional, Panchito.
Español: ¡Lengua internacional porque se la aprende cualquiera en tres meses! Sin conjugaciones ni especificidades de género o número en tantas palabras. Falta de imaginación para no entender que una silla es femenina y un barco masculino. Y así por el estilo.
Inglés: ¿Y quién los entiende a ustedes, los romances? Pues el Francés asigna el género que mejor le parece a esas cosas.
Español: El Francés siempre ha tenido problemas hasta con su propio género. Y perdona que diga esto de uno de tus progenitores (o progenitoras)…
Inglés: Ah, si no se hubiera perdido la batalla de Hastings…
Español: Aprenderme lleva tiempo, estudio, práctica. Mis reglas gramaticales son toda una ciencia. La gran variedad de conjugaciones de tiempo y persona son mi mayor orgullo. En cambio tú…
Inglés: Pérdida de tiempo, derroche de lo innecesario. Y eres inflexible y poco creativo para crear adjetivaciones. Y tienes una chaperona que se inmiscuye en tus asuntos: ¡la Real Academia! ¡Ja, ja, ja!
Español: Y tú, de patas abiertas a cuanta palabreja venga. Tu libertinaje es tan escandaloso como ese hijo equivocado que tuvimos en un momento de debilidad.
Inglés: Es nuestro hijo, y no vale arrepentirse de él. ¡Ha crecido tanto nuestro Spanglish!
Español: Troca, carpeta, aplicación, yarda, forma. En vez de decir simplemente: camioneta, alfombra, solicitud, césped, planilla. ¡Qué vergüenza!
Inglés: Riqueza, riqueza. De eso se trata. Soy la lengua más rica de todas. Mi abundancia de sinónimos te hace palidecer. Una lengua profesada por los grandes: Milton, Shakespeare, Donne. Un pensamiento para llenar bibliotecas: Newton, Hume, Berkeley…
Español: No trates de meterme el pie, que muchos de ellos escribían en Latín, nuestro difunto abuelo. Sonetos en Inglés, ¡válgame Dios! Como si Wyatt y Surrey no hubieran hecho otra cosa que forzar un metro melodioso y meterlo en una camisa de fuerza. Poesía que precisa de ritmos que avanzan al trote. Y ni siquiera has legado un personaje del calibre del Quijote.
Inglés: Nada. Es muy fácil ignorar a Robinsón, a Gulliver y Alicia, a Peter Pan y Huck Finn.
Español: Personajes infantiles, ya, ya.
Inglés: Cuando te irritas te vuelves monótono, primo.
Español: Y tú farfullas.
Inglés: ¡Cacofónico!
Español: ¡Gutural!
Inglés: Ah, shut up!
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1.29.2009
1.28.2009
Coplas por Miguel Barnet, el viajero
¿Qué país falta en la lista
del compatriota Barnet?
¿Adónde va la vedette
cuando le merma el artista?
¿Cuál le falta, qué terruño,
Taipei, Irlanda del Norte?
¿Tan gordo es su pasaporte
que resiste ochenta cuños?
Caracas, Madrid, Managua
inspiran al escribiente
que a la vez es presidente
de la Asociación Chihuahua.
En Cuba nadie se estanca
desde los tiempos de Angola,
cuando a punta de pistola
te daban tarjeta blanca.
La Cuba viajera existe
si es que no guardas prisión;
y mientras, un cimarrón
cuida a Barnet: lo desviste.
Pues aunque alabe el palenque
lo tienes siempre en la aduana
presto a gastar lo que gana
firmando esa prosa enclenque.
Ya cualquier cubano puede
vacacionar donde guste,
por eso a la Ley de Ajuste
hay que cambiarle la sede.
Pertenecer a la UNEAC
o al exilio, da lo mismo:
honramos al buen turismo,
a Carpentier y a Balzac.
Seguirle el itinerario
a Barnet y compañía
cuesta más que las porfías
del Enfermo Octogenario.
¡Ay, ese esperado viaje
hacia el ardiente confín
cuando a la Momia por fin
le garanticen pasaje!
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del compatriota Barnet?
¿Adónde va la vedette
cuando le merma el artista?
¿Cuál le falta, qué terruño,
Taipei, Irlanda del Norte?
¿Tan gordo es su pasaporte
que resiste ochenta cuños?
Caracas, Madrid, Managua
inspiran al escribiente
que a la vez es presidente
de la Asociación Chihuahua.
En Cuba nadie se estanca
desde los tiempos de Angola,
cuando a punta de pistola
te daban tarjeta blanca.
La Cuba viajera existe
si es que no guardas prisión;
y mientras, un cimarrón
cuida a Barnet: lo desviste.
Pues aunque alabe el palenque
lo tienes siempre en la aduana
presto a gastar lo que gana
firmando esa prosa enclenque.
Ya cualquier cubano puede
vacacionar donde guste,
por eso a la Ley de Ajuste
hay que cambiarle la sede.
Pertenecer a la UNEAC
o al exilio, da lo mismo:
honramos al buen turismo,
a Carpentier y a Balzac.
Seguirle el itinerario
a Barnet y compañía
cuesta más que las porfías
del Enfermo Octogenario.
¡Ay, ese esperado viaje
hacia el ardiente confín
cuando a la Momia por fin
le garanticen pasaje!
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1.27.2009
John Updike (1932-2009)

Acaba de morir John Updike, autor prolífico, inteligente y de obra eficaz. La combinación de estos tres elementos es toda una proeza, y se da con relativa frecuencia en la literatura norteamericana, para disgusto de la Academia Sueca. La literatura de Updike, por supuesto, tiene los usuales altos y bajos, tiene fanáticos y detractores, más de los primeros a mi entender. Y fue una presencia muy querida, que ahora se dispensa para iniciar otros revuelos, los dioses sabrán adónde. He querido homenajearle, casi corriendo, con la traducción de dos poemas suyos, faceta por la que es menos conocido. ¿De qué reposo hablaremos?
Dos poemas de John Updike
QUEMANDO BASURA
Por las noches —la luz apagada, el filamento
libre de su carga quemadora de átomos,
su esposa dormida, su respiración bajando
hasta tocar la fuente cenagosa—él pensaba en la muerte.
La casa encumbrada de su padre le dio tiempo
a que intuyese la nada que permanecía como una lámina
impoluta de espejo por detrás de su futuro humano.
Disponía de dos holguras que podía entrever, sólo dos.
Una era la festiva totalidad de las cosas:
piedras macizas y nubes, vainas al acecho, el suelo
ofreciendo resistencia a sus rodillas y manos.
La otra era quemar la basura de cada día.
Disfrutaba el calor, el peligro artificial,
y la manera en que, según iba arrojando noticias viejas,
cordeles, servilletas, sobres, vasos de papel,
las lenguas hipnóticas del orden intervenían.
VUELO AL LIMBO
La fila no avanzaba, aunque no había
mucha gente en ella. Bajo una luz mortecina
la empleada atendía paciente, en silencio, interminablemente
a una aturdida y numerosa familia compuesta
lo mismo por gemelitos en sus coches que por una vieja
en su torcida silla de ruedas. Su equipaje
estaba todo en cajas de cartón. El vuelo andaba atrasado,
se decía en la fila. Nos encogimos de hombros,
sumergidos en nuestros alicaídos sobretodos. La aviación
nunca había sido una idea muy natural.
Niños hastiados flotaban con caras lívidas.
Las muchachas de las tiendas permanecían petrificadas
entre las promesas de una hermosa vida extranjera.
Louis Armstrong se oía desde algún rincón en lo alto,
un hilo de gozo oculto.
Afuera, inmersos en la oscuridad ininteligible
que se estiraba para acoger los rubíes del centro comercial,
monstruos alados rondaban buscando las puertas
donde habrían de enterrar sus hocicos de koala
y extenuar nuestras dinamos.
Los muchachos de anchas camisetas y gorras invertidas
sonaban sus pies con ostentación
mientras los mozos de seguridad reían
y la voz de un ángel perdido graznaba melodiosamente
las regulaciones de la FAA. Mujeres vestidas con saris
y kimonos arrastraban, cual castigo, sus criaturas
sujetas a ositos de peluche occidentales,
y las patas de las sillas chirriaban en el comedor
mientras espectros mal pagados limpiaban los círculos de la noche
contra el suelo impasible.
Los originales: aquí y aquí
Dos poemas de John Updike
QUEMANDO BASURA
Por las noches —la luz apagada, el filamento
libre de su carga quemadora de átomos,
su esposa dormida, su respiración bajando
hasta tocar la fuente cenagosa—él pensaba en la muerte.
La casa encumbrada de su padre le dio tiempo
a que intuyese la nada que permanecía como una lámina
impoluta de espejo por detrás de su futuro humano.
Disponía de dos holguras que podía entrever, sólo dos.
Una era la festiva totalidad de las cosas:
piedras macizas y nubes, vainas al acecho, el suelo
ofreciendo resistencia a sus rodillas y manos.
La otra era quemar la basura de cada día.
Disfrutaba el calor, el peligro artificial,
y la manera en que, según iba arrojando noticias viejas,
cordeles, servilletas, sobres, vasos de papel,
las lenguas hipnóticas del orden intervenían.
VUELO AL LIMBO
La fila no avanzaba, aunque no había
mucha gente en ella. Bajo una luz mortecina
la empleada atendía paciente, en silencio, interminablemente
a una aturdida y numerosa familia compuesta
lo mismo por gemelitos en sus coches que por una vieja
en su torcida silla de ruedas. Su equipaje
estaba todo en cajas de cartón. El vuelo andaba atrasado,
se decía en la fila. Nos encogimos de hombros,
sumergidos en nuestros alicaídos sobretodos. La aviación
nunca había sido una idea muy natural.
Niños hastiados flotaban con caras lívidas.
Las muchachas de las tiendas permanecían petrificadas
entre las promesas de una hermosa vida extranjera.
Louis Armstrong se oía desde algún rincón en lo alto,
un hilo de gozo oculto.
Afuera, inmersos en la oscuridad ininteligible
que se estiraba para acoger los rubíes del centro comercial,
monstruos alados rondaban buscando las puertas
donde habrían de enterrar sus hocicos de koala
y extenuar nuestras dinamos.
Los muchachos de anchas camisetas y gorras invertidas
sonaban sus pies con ostentación
mientras los mozos de seguridad reían
y la voz de un ángel perdido graznaba melodiosamente
las regulaciones de la FAA. Mujeres vestidas con saris
y kimonos arrastraban, cual castigo, sus criaturas
sujetas a ositos de peluche occidentales,
y las patas de las sillas chirriaban en el comedor
mientras espectros mal pagados limpiaban los círculos de la noche
contra el suelo impasible.
Los originales: aquí y aquí
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1.26.2009
Entrevista con el Inquisidor
Usted anunciaba el fin de la “poesía de consumo” y el advenimiento del “poema especializado”, y comprobamos que esas profecías no acaban de cumplirse. ¿Por qué?
Luego de una necesaria condensación, la poesía se tuvo que dispersar. Un estallido, con chispas, humo y todo eso. Se han retomado los vicios iniciales. Ha regresado la música, y el metro, la rima, la confesión, las enumeraciones, las zampoñas y los rebaños. Nos han dado de bofetadas.
Viniendo usted de un espacio encerrado en retórica pura, la isla, ¿cómo le afecta este exilio de dos lustros?
El poeta mira al pasado, y no termina de pagar su deuda. Yo privilegio la palabra, pero dejando un espacio de dudas. Nadie escribe para el lector de turno. Esa es mi justificación. Cada cual busca la que le conviene.
¿Y cuándo es que los intelectuales cubanos comenzarán a manifestar el cinismo que profesan en otros medios que no son precisamente “literarios”?
Muy pocos intelectuales son capaces de soltar el trozo de túnica que les tocó asir. Discuten y lo orientan todo hacia una perspectiva optimista, sin que ello cambie las circunstancias. Los referentes siguen siendo los mismos: Poder, Doctrinal, Casta...
¿Se pudiera aseverar, como hemos escuchado hace poco, que es preciso buscar un segundo idioma?
¡Pero si aún no hemos encontrado el primero!
¿Bitácoras por la libre?
Pasen a ver, aquí está la regordeta que consulta su manual de repostería: entre pastel y pastel transcribe sus reflexiones. Un periodista municipal nos atiborra de poemas y refranes. Aquel otro declamador nos quiere vender sus mañas escénicas. Democracia, posibilidad, acceso, aplausos.
¿En qué guerra podremos encontrarlo dentro de unos meses, años?
Tanta lucidez me paraliza. Por supuesto, ya tendré que anotarme en alguna facción, so pena de verme apedreado por culpa de mi crónica impasibilidad. Son muchas alianzas, y basta con alejarse del blanco para que el dardo te busque: el dardo extraviado, que siempre hay alguno. Ser (o considerarse) intelectual basta para que te traten de captar. O para que te golpeen sin compasión. Ya veremos.
¿Vivimos otro período de lasitud entre las tantas agonías de Nerón?
La ansiedad nos ha ido resquebrajando. No sabemos resignarnos, es lo que puedo decir por ahora.
¿Géneros dentro del género? ¿En la poesía, en la prosa?
Sólo oportunidades que los escritores no pueden desdeñar, por resultarles tan convenientes.
¿Escribir ha resultado entonces un trofeo, una ganancia que se ostenta?
Yo siempre vuelvo al muchacho tímido, que no quería mostrarle a los amigos las cuartillas de la noche anterior. ¡Qué vergüenza, Dios! Una opinión muy particular, la mía. Ese pudor, esa resistencia a desnudarse ha de ser literatura. Lo demás es exhibicionismo.
¿Tendré que pasar por alto la pregunta donde le pido que argumente tal visión con un fragmento suyo?
Sí.
¿Quiénes se ocuparán de revisar y replantear el Canon?
Ya el hecho de hacerse la pregunta implica una preocupación por sistematizar algo que se alimenta de tiempo e ironía despiadada. Usted ocúpese de conocerse a sí mismo. Nadamos en cicuta y olvidamos el gallo que le debemos a Esculapio.
¿No está usted jugando a explicar certezas?
Y lo mejor del juego viene luego, cuando nos apresuramos a borrar lo imborrable.
.
Luego de una necesaria condensación, la poesía se tuvo que dispersar. Un estallido, con chispas, humo y todo eso. Se han retomado los vicios iniciales. Ha regresado la música, y el metro, la rima, la confesión, las enumeraciones, las zampoñas y los rebaños. Nos han dado de bofetadas.
Viniendo usted de un espacio encerrado en retórica pura, la isla, ¿cómo le afecta este exilio de dos lustros?
El poeta mira al pasado, y no termina de pagar su deuda. Yo privilegio la palabra, pero dejando un espacio de dudas. Nadie escribe para el lector de turno. Esa es mi justificación. Cada cual busca la que le conviene.
¿Y cuándo es que los intelectuales cubanos comenzarán a manifestar el cinismo que profesan en otros medios que no son precisamente “literarios”?
Muy pocos intelectuales son capaces de soltar el trozo de túnica que les tocó asir. Discuten y lo orientan todo hacia una perspectiva optimista, sin que ello cambie las circunstancias. Los referentes siguen siendo los mismos: Poder, Doctrinal, Casta...
¿Se pudiera aseverar, como hemos escuchado hace poco, que es preciso buscar un segundo idioma?
¡Pero si aún no hemos encontrado el primero!
¿Bitácoras por la libre?
Pasen a ver, aquí está la regordeta que consulta su manual de repostería: entre pastel y pastel transcribe sus reflexiones. Un periodista municipal nos atiborra de poemas y refranes. Aquel otro declamador nos quiere vender sus mañas escénicas. Democracia, posibilidad, acceso, aplausos.
¿En qué guerra podremos encontrarlo dentro de unos meses, años?
Tanta lucidez me paraliza. Por supuesto, ya tendré que anotarme en alguna facción, so pena de verme apedreado por culpa de mi crónica impasibilidad. Son muchas alianzas, y basta con alejarse del blanco para que el dardo te busque: el dardo extraviado, que siempre hay alguno. Ser (o considerarse) intelectual basta para que te traten de captar. O para que te golpeen sin compasión. Ya veremos.
¿Vivimos otro período de lasitud entre las tantas agonías de Nerón?
La ansiedad nos ha ido resquebrajando. No sabemos resignarnos, es lo que puedo decir por ahora.
¿Géneros dentro del género? ¿En la poesía, en la prosa?
Sólo oportunidades que los escritores no pueden desdeñar, por resultarles tan convenientes.
¿Escribir ha resultado entonces un trofeo, una ganancia que se ostenta?
Yo siempre vuelvo al muchacho tímido, que no quería mostrarle a los amigos las cuartillas de la noche anterior. ¡Qué vergüenza, Dios! Una opinión muy particular, la mía. Ese pudor, esa resistencia a desnudarse ha de ser literatura. Lo demás es exhibicionismo.
¿Tendré que pasar por alto la pregunta donde le pido que argumente tal visión con un fragmento suyo?
Sí.
¿Quiénes se ocuparán de revisar y replantear el Canon?
Ya el hecho de hacerse la pregunta implica una preocupación por sistematizar algo que se alimenta de tiempo e ironía despiadada. Usted ocúpese de conocerse a sí mismo. Nadamos en cicuta y olvidamos el gallo que le debemos a Esculapio.
¿No está usted jugando a explicar certezas?
Y lo mejor del juego viene luego, cuando nos apresuramos a borrar lo imborrable.
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1.25.2009
Poesía no inaugural
La Poesía
Por Marianne Moore
A mí, también, me disgusta: hay cosas importantes
más allá de este instrumento.
Al leerla, sin embargo, con un perfecto desprecio hacia ella,
uno le descubre, sin dudas, un sitio para lo genuino.
Manos que pueden sujetar, ojos
que pueden dilatarse, cabello que se eriza
si es necesario, tales cosas son importantes no porque una
interpretación grandilocuente se les pueda añadir sino porque
son útiles. Cuando se tornan tan derivativas que son ininteligibles
lo mismo pudiera decirse de nosotros, que no admiramos
lo que no podemos comprender: el murciélago cabeza abajo
o en su búsqueda de
alimento, los paquidermos pujando, un potro silvestre
que rueda por tierra,
un lobo incansanble debajo del árbol, el crítico impasible
cuya piel vibra como hace la de un caballo al sentir una pulga,
el fanático de pelota, el estadístico-
ni es válido discriminar a los "documentos de negocios y
libros de enseñanza"(1); todos estos fenómenos son importantes.
Sin embargo, uno debe saber distinguir: cuando se la arrastra
a la prominencia por los poetas mediocres, el resultado
no es poesía,
ni hasta que llegue el momento en que los poetas entre nosotros
puedan ser "literalistas
de la imaginación" (2)-
por encima de lo insolente y lo trivial y puedan someter
a inspección, "jardines imaginarios con ranas de verdad en ellos",
es que la tendremos. Mientras tanto, si por una parte requieres
el material bruto de la poesía en toda su crudeza
y eso que es por otra parte genuino, estás interesado
en la poesía.
(1) Diario de Tolstoi: "Nunca podré entender la línea divisoria entre la prosa y la poesía. La pregunta es formulada en manuales de estilo, sin embargo la respuesta no la tengo. La poesía es verso: la prosa no es verso. O quizás poesía lo es todo, exceptuando los documentos de negocios y los libros de enseñanza". (Nota de M. Moore)
(2) Yeats: Las ideas del Bien y el Mal. "La limitación de su punto de vista (el de Blake) provenía de la propia intensidad de su visión; profesaba un realismo demasiado literal de la imaginación, como otros lo profesan de la naturaleza; y como creyó que las figuras vistas con el ojo de la mente, cuando eran exaltadas por la inspiración, se convertían en "existencias eternas", símbolos de esencias divinas, odiaba toda gracia de estilo que oscureciera sus contornos. (Nota de M. Moore)
(Traducción: Manuel Sosa)
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Por Marianne Moore
A mí, también, me disgusta: hay cosas importantes
más allá de este instrumento.
Al leerla, sin embargo, con un perfecto desprecio hacia ella,
uno le descubre, sin dudas, un sitio para lo genuino.
Manos que pueden sujetar, ojos
que pueden dilatarse, cabello que se eriza
si es necesario, tales cosas son importantes no porque una
interpretación grandilocuente se les pueda añadir sino porque
son útiles. Cuando se tornan tan derivativas que son ininteligibles
lo mismo pudiera decirse de nosotros, que no admiramos
lo que no podemos comprender: el murciélago cabeza abajo
o en su búsqueda de
alimento, los paquidermos pujando, un potro silvestre
que rueda por tierra,
un lobo incansanble debajo del árbol, el crítico impasible
cuya piel vibra como hace la de un caballo al sentir una pulga,
el fanático de pelota, el estadístico-
ni es válido discriminar a los "documentos de negocios y
libros de enseñanza"(1); todos estos fenómenos son importantes.
Sin embargo, uno debe saber distinguir: cuando se la arrastra
a la prominencia por los poetas mediocres, el resultado
no es poesía,
ni hasta que llegue el momento en que los poetas entre nosotros
puedan ser "literalistas
de la imaginación" (2)-
por encima de lo insolente y lo trivial y puedan someter
a inspección, "jardines imaginarios con ranas de verdad en ellos",
es que la tendremos. Mientras tanto, si por una parte requieres
el material bruto de la poesía en toda su crudeza
y eso que es por otra parte genuino, estás interesado
en la poesía.
(1) Diario de Tolstoi: "Nunca podré entender la línea divisoria entre la prosa y la poesía. La pregunta es formulada en manuales de estilo, sin embargo la respuesta no la tengo. La poesía es verso: la prosa no es verso. O quizás poesía lo es todo, exceptuando los documentos de negocios y los libros de enseñanza". (Nota de M. Moore)
(2) Yeats: Las ideas del Bien y el Mal. "La limitación de su punto de vista (el de Blake) provenía de la propia intensidad de su visión; profesaba un realismo demasiado literal de la imaginación, como otros lo profesan de la naturaleza; y como creyó que las figuras vistas con el ojo de la mente, cuando eran exaltadas por la inspiración, se convertían en "existencias eternas", símbolos de esencias divinas, odiaba toda gracia de estilo que oscureciera sus contornos. (Nota de M. Moore)
(Traducción: Manuel Sosa)
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1.23.2009
Aquí, respondiéndole a los Spammers

Desde aquel día en que se me ocurrió la feliz idea de publicar mi dirección electrónica, para abrirme a los lectores, la cantidad de Spam que recibo a diario ha venido progresado tanto o más que una fiebre tifoidea en un acogedor villorrio sudanés. Debo gastar media hora mañanera en borrar, bloquear y maldecir a esta gente tan dadivosa. Me consuelo pensando que la modernidad sabe compensarnos de otras maneras, luego de anotarnos en su lista de víctimas. Así pues, quiero responder por esta vía a ciertas personas que insisten en escribirme y proponerme cosas.
A esos que me piden reenviar su correo a 20 personas, para tener buena suerte o ganarme un saco de dinero: Yo pensaba que esos juegos infantiles se habían agotado hacia el 2002, cuando el embullo del correo electrónico llegó a su apogeo. Yo les propongo que se tiren para el Facebook, que es el último juguete básico, y allí exploren las posibilidades de la progresión geométrica en el ámbito socio-virtual. ¡No en balde os habéis llenado de pendejos, mentes pueriles! ¡Salid de una vez de esa infancia cibernética!
A esos que me piden reenviar su correo con el fin de orar por un enfermo terminal, en muchas ocasiones alguien que ni siquiera conocen : ¿Ya se agotó el tratamiento médico y las medicinas? ¿Están seguros de que no se trata de una estratagema para recopilar direcciones de personas de buen corazón? ¿O es que quieren poner a prueba la poca fe que nos queda a los cínicos? Sólo espero que el paciente se recupere, si es que existe, que la cadena cobre sentido y el milagro de su curación sea proclamado a los cuatro vientos. Siempre cabe la posibilidad de que alguno de nosotros sea un santo o un beato en ciernes.
A esas hijas de padres africanos muertos en su lucha contra las juntas militares, y que dejaron millones en una cuenta inaccesible: Les agradezco haber pensado en mi humilde persona y en mi humilde cuenta bancaria, pero les pediría alguna prenda de buena fe: un diamante en bruto, un lingote de oro… Una sortija de zafiros, al menos. Tomando en cuenta la fortuna que vamos a compartir, eso no es mucho para ustedes. Yo prometo devolverles ese depósito cuando por fin recuperemos juntos la herencia.
A esos empresarios árabes y africanos, con nombres cuya sonoridad garantizan un éxito seguro, y que me proponen hacerme su socio comercial: ¿Tan buena reputación he adquirido como crítico literario y poeta de compromiso, que depositan su confianza en mí, en mi sentido práctico y habilidades en el tratamiento de la palabra? ¡Cuán errada andaba mi madre, diciéndome que la poesía era el rumbo equivocado!
A esos que me anuncian haber ganado la lotería irlandesa: La última vez que examiné mi árbol genealógico (por no decir patológico), mis ingredientes se fraguaron en aldeas gallegas e isleñas, por lo que mi único vínculo con Irlanda ha sido la ocasional jarra de Guinness y una lectura fallida del Finnegans Wake. Además, mi suerte nunca ha sido renumerada en metálico, por mucho que lo he intentado. Durante años le jugué al pescado chico, a la lombriz, a la monja y la jicotea en la Bolita del pueblo, y nada: ni al derecho ni al revés. Siempre he sido pobre a la hora de atrapar símbolos.
A esos que me ofrecen un nuevo trabajo, o hacerlo desde la casa: ¿Para qué buscarme más responsabilidades, si con las que tengo no doy abasto? Y la casa, ¿no han oído hablar del apogeo del feminismo en Norteamérica, que si la mujer se acostumbra a verme con aires hogareños va a querer agregarme más faenas domésticas?
A esos que buscan relacionarse con parejas de formación cristiana: ¿No es acaso la iglesia el sitio perfecto para encontrar el amor, y no precisamente el de Cristo?
A esos que me regalan descuentos si les compro teléfonos o computadoras: Si son tan baratos, ¿qué hacen ustedes perdiendo tiempo en Internet? ¡Corran y abran una tienda ahora mismo, que seguro se quedan sin mercancía en dos horas!
A esos que me invitan a una conferencia sobre cultura comunitaria desde otro continente: Ni aunque me paguen el pasaje y la estancia me animaría a llevar mi humanidad tan lejos. Claro, como sé que esa idea no se les va a ocurrir, de todos modos me permito recordarles ¡que tenemos un océano por medio!
A esos que prometen enseñarme un Inglés vertiginoso: Ya tomé esa precaución, lo aprendí desde niño.
A esos que me ofrecen cupones de descuento en tiendas y supermercados: Les aclaro de una vez: no soy ama de casa, ni negra, ni gorda.
¡Uff! Me siento mucho mejor ahora.
A esos que me piden reenviar su correo a 20 personas, para tener buena suerte o ganarme un saco de dinero: Yo pensaba que esos juegos infantiles se habían agotado hacia el 2002, cuando el embullo del correo electrónico llegó a su apogeo. Yo les propongo que se tiren para el Facebook, que es el último juguete básico, y allí exploren las posibilidades de la progresión geométrica en el ámbito socio-virtual. ¡No en balde os habéis llenado de pendejos, mentes pueriles! ¡Salid de una vez de esa infancia cibernética!
A esos que me piden reenviar su correo con el fin de orar por un enfermo terminal, en muchas ocasiones alguien que ni siquiera conocen : ¿Ya se agotó el tratamiento médico y las medicinas? ¿Están seguros de que no se trata de una estratagema para recopilar direcciones de personas de buen corazón? ¿O es que quieren poner a prueba la poca fe que nos queda a los cínicos? Sólo espero que el paciente se recupere, si es que existe, que la cadena cobre sentido y el milagro de su curación sea proclamado a los cuatro vientos. Siempre cabe la posibilidad de que alguno de nosotros sea un santo o un beato en ciernes.
A esas hijas de padres africanos muertos en su lucha contra las juntas militares, y que dejaron millones en una cuenta inaccesible: Les agradezco haber pensado en mi humilde persona y en mi humilde cuenta bancaria, pero les pediría alguna prenda de buena fe: un diamante en bruto, un lingote de oro… Una sortija de zafiros, al menos. Tomando en cuenta la fortuna que vamos a compartir, eso no es mucho para ustedes. Yo prometo devolverles ese depósito cuando por fin recuperemos juntos la herencia.
A esos empresarios árabes y africanos, con nombres cuya sonoridad garantizan un éxito seguro, y que me proponen hacerme su socio comercial: ¿Tan buena reputación he adquirido como crítico literario y poeta de compromiso, que depositan su confianza en mí, en mi sentido práctico y habilidades en el tratamiento de la palabra? ¡Cuán errada andaba mi madre, diciéndome que la poesía era el rumbo equivocado!
A esos que me anuncian haber ganado la lotería irlandesa: La última vez que examiné mi árbol genealógico (por no decir patológico), mis ingredientes se fraguaron en aldeas gallegas e isleñas, por lo que mi único vínculo con Irlanda ha sido la ocasional jarra de Guinness y una lectura fallida del Finnegans Wake. Además, mi suerte nunca ha sido renumerada en metálico, por mucho que lo he intentado. Durante años le jugué al pescado chico, a la lombriz, a la monja y la jicotea en la Bolita del pueblo, y nada: ni al derecho ni al revés. Siempre he sido pobre a la hora de atrapar símbolos.
A esos que me ofrecen un nuevo trabajo, o hacerlo desde la casa: ¿Para qué buscarme más responsabilidades, si con las que tengo no doy abasto? Y la casa, ¿no han oído hablar del apogeo del feminismo en Norteamérica, que si la mujer se acostumbra a verme con aires hogareños va a querer agregarme más faenas domésticas?
A esos que buscan relacionarse con parejas de formación cristiana: ¿No es acaso la iglesia el sitio perfecto para encontrar el amor, y no precisamente el de Cristo?
A esos que me regalan descuentos si les compro teléfonos o computadoras: Si son tan baratos, ¿qué hacen ustedes perdiendo tiempo en Internet? ¡Corran y abran una tienda ahora mismo, que seguro se quedan sin mercancía en dos horas!
A esos que me invitan a una conferencia sobre cultura comunitaria desde otro continente: Ni aunque me paguen el pasaje y la estancia me animaría a llevar mi humanidad tan lejos. Claro, como sé que esa idea no se les va a ocurrir, de todos modos me permito recordarles ¡que tenemos un océano por medio!
A esos que prometen enseñarme un Inglés vertiginoso: Ya tomé esa precaución, lo aprendí desde niño.
A esos que me ofrecen cupones de descuento en tiendas y supermercados: Les aclaro de una vez: no soy ama de casa, ni negra, ni gorda.
¡Uff! Me siento mucho mejor ahora.
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1.22.2009
Del Cementerio de Spoon River: justicia divina
Chase Henry
En vida fui el borracho del pueblo;
al morir el cura se negó a enterrarme
en suelo sagrado.
Lo cual terminó siendo mi buena fortuna.
Pues los Protestantes compraron esta parcela,
y enterraron mi cuerpo aquí,
cerca de la tumba del banquero Nicholas,
y de su esposa Priscilla.
Tomen nota, almas prudentes y piadosas,
de esos caprichos del río de la vida
que honran a los muertos luego de vivir en infamia.
El Juez Sommers
¿Cómo es que ocurre, decidme,
que siendo yo el más erudito de los jueces,
conociendo a Blackstone y Cole
casi de memoria, que pronuncié el discurso más famoso
que jamás se oyó en la Corte, y escribí
un informe que ganó el elogio del Magistrado Breese–
cómo es que ocurre, decidme,
que yazgo aquí anónimo, olvidado,
mientras que Chase Henry, el borracho del pueblo,
ostenta un bloque de mármol, coronado por una urna,
donde la Naturaleza, por ironía,
ha sembrado una planta floreciente?
(Traducción: Manuel Sosa)
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En vida fui el borracho del pueblo;
al morir el cura se negó a enterrarme
en suelo sagrado.
Lo cual terminó siendo mi buena fortuna.
Pues los Protestantes compraron esta parcela,
y enterraron mi cuerpo aquí,
cerca de la tumba del banquero Nicholas,
y de su esposa Priscilla.
Tomen nota, almas prudentes y piadosas,
de esos caprichos del río de la vida
que honran a los muertos luego de vivir en infamia.
El Juez Sommers
¿Cómo es que ocurre, decidme,
que siendo yo el más erudito de los jueces,
conociendo a Blackstone y Cole
casi de memoria, que pronuncié el discurso más famoso
que jamás se oyó en la Corte, y escribí
un informe que ganó el elogio del Magistrado Breese–
cómo es que ocurre, decidme,
que yazgo aquí anónimo, olvidado,
mientras que Chase Henry, el borracho del pueblo,
ostenta un bloque de mármol, coronado por una urna,
donde la Naturaleza, por ironía,
ha sembrado una planta floreciente?
(Traducción: Manuel Sosa)
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1.20.2009
Nota para Ivis Acosta

No quiero dejar que pase otro día sin comentarles mis experiencias con la página de Ivis Acosta. Sin ser uno de sus visitantes asiduos, quizá por asuntos de afinidad e intereses, leo con relativa frecuencia sus anotaciones sobre temas que al final nos aproximan: las vicisitudes del abrirse a la curiosidad del mundo en un espacio virtual, la indagación literaria, los encuentros y desencuentros de quien vive en exilio, la necesidad de cuestionarse todo lo que parezca espejismo…
A través de los meses, sin quererlo, he constatado cuánto ha ido cambiando su expresión, candorosa antes, decidida ahora, pero con inquietantes ribetes de angustia y escepticismo. No puedo ver esto como signo negativo: todo lo contrario. Quisiera pensar que ha encontrado su verdadero acento, y que ya no podrá desasirse. De simple anotadora de impresiones ha pasado a dar testimonio veraz. Su miedo comienza a ser el miedo de sus lectores, y viceversa.
Y quería dejarlo por escrito porque me resulta un pequeño triunfo de este tipo de espacios que desde la red nos permiten redescubrir a Cuba. Ivis Acosta es una muchacha que apostó a que su ingenuidad inicial le trajera frutos, y supo callar cuando a su alrededor tronaban voces, y hoy sabe lo que quiere y lo que ha perdido. Sus recientes crónicas sobre su último viaje a la isla, incluyendo aquella en que nos dibuja una Yoani Sánchez bien nítida y concisa, le otorgan toda la credibilidad que se necesita para cimentar su trabajo.
Y claro que seguiremos discrepando en muchas cosas: métodos, cinismos y pesimismos, fragancias y entusiasmos, pero aquí le quiero dejar mi nota de aliento.
Su blog: Memorias de una cubanita
A través de los meses, sin quererlo, he constatado cuánto ha ido cambiando su expresión, candorosa antes, decidida ahora, pero con inquietantes ribetes de angustia y escepticismo. No puedo ver esto como signo negativo: todo lo contrario. Quisiera pensar que ha encontrado su verdadero acento, y que ya no podrá desasirse. De simple anotadora de impresiones ha pasado a dar testimonio veraz. Su miedo comienza a ser el miedo de sus lectores, y viceversa.
Y quería dejarlo por escrito porque me resulta un pequeño triunfo de este tipo de espacios que desde la red nos permiten redescubrir a Cuba. Ivis Acosta es una muchacha que apostó a que su ingenuidad inicial le trajera frutos, y supo callar cuando a su alrededor tronaban voces, y hoy sabe lo que quiere y lo que ha perdido. Sus recientes crónicas sobre su último viaje a la isla, incluyendo aquella en que nos dibuja una Yoani Sánchez bien nítida y concisa, le otorgan toda la credibilidad que se necesita para cimentar su trabajo.
Y claro que seguiremos discrepando en muchas cosas: métodos, cinismos y pesimismos, fragancias y entusiasmos, pero aquí le quiero dejar mi nota de aliento.
Su blog: Memorias de una cubanita
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Un sol dorado
Por Alcides Herrera
La bala se incrustó en la columna de madera del portal. Debe haber sido una bala perdida, pues la calle estaba desierta y nunca escuché el disparo. Hacía suficiente frío como para que no saliera a fumar y aun así bajé; era el último Camel y no me gusta dejar tesoros para mañana. Así que, segundos después del raro evento, miré al cielo; entre las nubes el último sol se filtraba con extravagancia -o al menos mi paranoia, mis cinco segundos de anticipación, le dieron ese tono. Pensé que era una señal poderosa de que debía dejar de fumar. El cigarrillo iba por la mitad y yo lo quemaba con mucha conciencia, como despidiéndome para siempre de un placer así. Aunque la señal estaba clara, me hice el bobo, demoré mi no-hacer, me puse la tan cercana meta de dejar el vicio apenas el Camel expirase. Entonces una segunda bala se incrustó en la otra columna, dejando la vibración de un silbido en el aire. Antes de subir corriendo las escaleras y esconderme en el baño, me dio tiempo a mirar los dos orificios. Estaban a la altura de mi pecho.
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La bala se incrustó en la columna de madera del portal. Debe haber sido una bala perdida, pues la calle estaba desierta y nunca escuché el disparo. Hacía suficiente frío como para que no saliera a fumar y aun así bajé; era el último Camel y no me gusta dejar tesoros para mañana. Así que, segundos después del raro evento, miré al cielo; entre las nubes el último sol se filtraba con extravagancia -o al menos mi paranoia, mis cinco segundos de anticipación, le dieron ese tono. Pensé que era una señal poderosa de que debía dejar de fumar. El cigarrillo iba por la mitad y yo lo quemaba con mucha conciencia, como despidiéndome para siempre de un placer así. Aunque la señal estaba clara, me hice el bobo, demoré mi no-hacer, me puse la tan cercana meta de dejar el vicio apenas el Camel expirase. Entonces una segunda bala se incrustó en la otra columna, dejando la vibración de un silbido en el aire. Antes de subir corriendo las escaleras y esconderme en el baño, me dio tiempo a mirar los dos orificios. Estaban a la altura de mi pecho.
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1.18.2009
Dos años
Dos años, desde aquel venturoso (¿fatídico?) 18 de enero del 2007, en que comencé a usar este espacio de manera regular. Borré los cuatro primeros meses, con la idea de reciclar algunos posts (cosa que he hecho en ocasiones), pero los demás permanecen como testimonio de esta carga que es escribir (¿describir?) con regularidad. Prendo las dos velas, y les dejo este soneto tramado por Alexis Romay, Heriberto Hernández y Jorge Salcedo. A ellos, y a ustedes mi agradecimiento. ¡Salud!
Todo eco fue voz en su inocencia,
como toda doctrina fue invisible
y esta Finca cultiva lo imposible:
mantiene en jaque a la maledicencia.
Sin evadir la ríspida pendencia,
acá cultiva frutos lo inasible.
Ambrosía o guayaba, redimible
razón que en mieses torna la dolencia.
Agua que sube limpia hacia la tierra
y pende de un sabor o una memoria,
trasiego de lo oculto a lo perdido...
noble caudal que a la ignominia aterra,
parcela que anuncia nuestra victoria
sobre la eterna furia y el sonido.
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Todo eco fue voz en su inocencia,
como toda doctrina fue invisible
y esta Finca cultiva lo imposible:
mantiene en jaque a la maledicencia.
Sin evadir la ríspida pendencia,
acá cultiva frutos lo inasible.
Ambrosía o guayaba, redimible
razón que en mieses torna la dolencia.
Agua que sube limpia hacia la tierra
y pende de un sabor o una memoria,
trasiego de lo oculto a lo perdido...
noble caudal que a la ignominia aterra,
parcela que anuncia nuestra victoria
sobre la eterna furia y el sonido.
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1.16.2009
Reparando el muro
Robert Frost
Algo existe que no gusta de un muro,
que incita a la hinchazón del suelo helado a traspasarle,
y le derriba las piedras de los bordes cuando sale el sol;
y le abre boquetes que hasta dos hombres
pudieran cruzar de frente.
Lo que ocasionan los cazadores es distinto:
he venido siguiéndoles y he restaurado el daño
allí donde no han dejado una piedra sobre otra,
pues de cualquier manera tenían que sacar al conejo
de su escondite, por tal de complacer a la excitada jauría.
Me refiero a los boquetes, nadie pudiera decir que ha visto
cómo y cuándo los hacen, pero al disponernos a hacer
las reparaciones de primavera damos con ellos.
Así se lo hice saber al vecino que vive detrás de la colina;
y nos encontramos el día acordado para señalar el límite
y reestablecer el muro que irá a dividirnos otra vez.
Caminamos a lo largo del muro, cada cual por su lado.
A cada quien le tocan las piedras que se derribaron en su parte.
Y algunas se ajustan, pero otras son tan redondas
que tenemos que usar algo de magia para que no se caigan:
“¡Mantente ahí, al menos hasta que nos demos la vuelta!”
Los dedos se nos ponen rugosos de tanto rozarlas.
Oh, sólo otro tipo de deporte al aire libre,
uno en cada extremo. Y llega a ser más:
hay un punto preciso donde el muro no es necesario:
él es todo pinos y yo soy un huerto de manzanas.
Mis manzaneros nunca cruzarán a comerle
las piñas bajo sus pinares, así le digo.
Pero se limita a responder: “Nada como un buen cercado
para mantener buenos vecinos”.
La primavera se me sube a la cabeza, y me pregunto
si podría hacerle cambiar de parecer:
“¿Por qué es que nos hace tan buenos vecinos? ¿No es algo
que tiene que ver con el ganado? Y aquí ni tenemos ganado.
Antes de edificar un muro me gustaría saber
qué dejamos fuera y qué demarcamos,
y a quién podría ofender al hacerlo.
Algo existe que no gusta de un muro,
que quiere derribarlo”. Podría decirle: “Duendes”,
pero no se trata precisamente de duendes, y quisiera
que el vecino llegara a decirlo por sí mismo.
Lo veo allí, trayendo una piedra en cada mano, bien aferradas,
como si fuera un salvaje prehistórico listo para golpear.
Se mueve en lo que se me antoja oscuridad,
y no de bosques ni de sombra de árboles.
Nunca traicionará ese refrán que le enseñara su padre,
y tanto le ha gustado recordarlo
que lo vuelve a decir: “Nada como un buen cercado
para mantener buenos vecinos”.
(Traducción: Manuel Sosa)
MENDING WALL
Something there is that doesn't love a wall,
That sends the frozen-ground-swell under it,
And spills the upper boulders in the sun;
And makes gaps even two can pass abreast.
The work of hunters is another thing:
I have come after them and made repair
Where they have left not one stone on stone,
But they would have the rabbit out of hiding,
To please the yelping dogs. The gaps I mean,
No one has seen them made or heard them made,
But at spring mending-time we find them there.
I let my neighbor know beyond the hill;
And on a day we meet to walk the line
And set the wall between us once again.
We keep the wall between us as we go.
To each the boulders that have fallen to each.
And some are loaves and some so nearly balls
We have to use a spell to make them balance:
"Stay where you are until our backs are turned!"
We wear our fingers rough with handling them.
Oh, just another kind of outdoor game,
One on a side. It comes to little more:
There where it is we do not need the wall:
He is all pine and I am apple-orchard.
My apple trees will never get across
And eat the cones under his pines, I tell him.
He only says, "Good fences make good neighbors."
Spring is the mischief in me, and I wonder
If I could put a notion in his head:
"Why do they make good neighbors? Isn't it
Where there are cows? But here there are no cows.
Before I built a wall I'd ask to know
What I was walling in or walling out,
And to whom I was like to give offence.
Something there is that doesn't love a wall,
That wants it down!" I could say "Elves" to him,
But it's not elves exactly, and I'd rather
He said it for himself. I see him there,
Bringing a stone grasped firmly by the top
In each hand, like an old-stone savage armed.
He moves in darkness as it seems to me,
Not of woods only and the shade of trees.
He will not go behind his father's saying,
And he likes having thought of it so well
He says again, "Good fences make good neighbors."
.
Algo existe que no gusta de un muro,
que incita a la hinchazón del suelo helado a traspasarle,
y le derriba las piedras de los bordes cuando sale el sol;
y le abre boquetes que hasta dos hombres
pudieran cruzar de frente.
Lo que ocasionan los cazadores es distinto:
he venido siguiéndoles y he restaurado el daño
allí donde no han dejado una piedra sobre otra,
pues de cualquier manera tenían que sacar al conejo
de su escondite, por tal de complacer a la excitada jauría.
Me refiero a los boquetes, nadie pudiera decir que ha visto
cómo y cuándo los hacen, pero al disponernos a hacer
las reparaciones de primavera damos con ellos.
Así se lo hice saber al vecino que vive detrás de la colina;
y nos encontramos el día acordado para señalar el límite
y reestablecer el muro que irá a dividirnos otra vez.
Caminamos a lo largo del muro, cada cual por su lado.
A cada quien le tocan las piedras que se derribaron en su parte.
Y algunas se ajustan, pero otras son tan redondas
que tenemos que usar algo de magia para que no se caigan:
“¡Mantente ahí, al menos hasta que nos demos la vuelta!”
Los dedos se nos ponen rugosos de tanto rozarlas.
Oh, sólo otro tipo de deporte al aire libre,
uno en cada extremo. Y llega a ser más:
hay un punto preciso donde el muro no es necesario:
él es todo pinos y yo soy un huerto de manzanas.
Mis manzaneros nunca cruzarán a comerle
las piñas bajo sus pinares, así le digo.
Pero se limita a responder: “Nada como un buen cercado
para mantener buenos vecinos”.
La primavera se me sube a la cabeza, y me pregunto
si podría hacerle cambiar de parecer:
“¿Por qué es que nos hace tan buenos vecinos? ¿No es algo
que tiene que ver con el ganado? Y aquí ni tenemos ganado.
Antes de edificar un muro me gustaría saber
qué dejamos fuera y qué demarcamos,
y a quién podría ofender al hacerlo.
Algo existe que no gusta de un muro,
que quiere derribarlo”. Podría decirle: “Duendes”,
pero no se trata precisamente de duendes, y quisiera
que el vecino llegara a decirlo por sí mismo.
Lo veo allí, trayendo una piedra en cada mano, bien aferradas,
como si fuera un salvaje prehistórico listo para golpear.
Se mueve en lo que se me antoja oscuridad,
y no de bosques ni de sombra de árboles.
Nunca traicionará ese refrán que le enseñara su padre,
y tanto le ha gustado recordarlo
que lo vuelve a decir: “Nada como un buen cercado
para mantener buenos vecinos”.
(Traducción: Manuel Sosa)
MENDING WALL
Something there is that doesn't love a wall,
That sends the frozen-ground-swell under it,
And spills the upper boulders in the sun;
And makes gaps even two can pass abreast.
The work of hunters is another thing:
I have come after them and made repair
Where they have left not one stone on stone,
But they would have the rabbit out of hiding,
To please the yelping dogs. The gaps I mean,
No one has seen them made or heard them made,
But at spring mending-time we find them there.
I let my neighbor know beyond the hill;
And on a day we meet to walk the line
And set the wall between us once again.
We keep the wall between us as we go.
To each the boulders that have fallen to each.
And some are loaves and some so nearly balls
We have to use a spell to make them balance:
"Stay where you are until our backs are turned!"
We wear our fingers rough with handling them.
Oh, just another kind of outdoor game,
One on a side. It comes to little more:
There where it is we do not need the wall:
He is all pine and I am apple-orchard.
My apple trees will never get across
And eat the cones under his pines, I tell him.
He only says, "Good fences make good neighbors."
Spring is the mischief in me, and I wonder
If I could put a notion in his head:
"Why do they make good neighbors? Isn't it
Where there are cows? But here there are no cows.
Before I built a wall I'd ask to know
What I was walling in or walling out,
And to whom I was like to give offence.
Something there is that doesn't love a wall,
That wants it down!" I could say "Elves" to him,
But it's not elves exactly, and I'd rather
He said it for himself. I see him there,
Bringing a stone grasped firmly by the top
In each hand, like an old-stone savage armed.
He moves in darkness as it seems to me,
Not of woods only and the shade of trees.
He will not go behind his father's saying,
And he likes having thought of it so well
He says again, "Good fences make good neighbors."
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1.15.2009
Miserias del traductor
El traductor prefiere leer en el baño, y para esos momentos reserva las lecturas fáciles, cuando no breves: las noticias, algún prólogo que la avidez del libro le hizo desechar, un cuento, los poemas que le siguen interrogando, un fragmento dudoso sobre el que siempre vuelve. Al traductor, sobre todo, le apasiona releer. Se levanta temprano y recorre con el índice los lomos del estante. Esta mañana tropieza con las poesías de Robert Frost, y recuerda que lleva meses por verter al español el magnífico Mending Wall, pospuesto una y otra vez. Pero hoy decide comenzar el trabajo, y sonríe ante el primer verso del poema:
Something there is that doesn’t love a wall.
El traductor piensa que toda pieza literaria debe romper así, enunciando lo que obligó al autor a sentarse y describir su visión particular del asunto a discernir. Un primer verso ejemplar, casi definitivo. El traductor no puede evitar que el instinto le dicte una traslación literal: Algo existe que no ama una pared. Pero tales palabras no parecen recoger la fuerza del original. Es obvio que toda traducción, por exquisita que resulte, será incompleta. No en balde ciertas sonoridades definen las palabras en sus lenguas específicas. Quien escribe, sabe escuchar y acomodar secuencias sobre moldes rítmicos, sonoros, emocionales… El traductor se regaña a sí mismo: “¿Pared, has dicho? ¿Y no tenemos muro, que denota más severidad, más separación?”. Viene entonces: Algo existe que no ama un muro. Pero no ama un muro suena fatal. ¿No podría ser: Algo existe que no gusta de un muro? Otra objeción: al traductor no le parece efectiva esa proximidad entre existe y gusta. A estas alturas las compuertas de la Duda se han abierto. La Duda: esa gran enemiga del oficio. Porque el traductor comienza a sopesar variantes, incluyendo algunas ridículas, exageradas. Veamos: Existe algo que no se lleva bien con los muros. Algo existe que no concibe las demarcaciones. Llega incluso hasta la variante libertaria: Existen cosas que no pueden ser separadas por un muro. Como si fuera la oración que inicia un manifiesto político o artístico. Y cuando tanta incertidumbre, impuesta por el cinismo que los años le han regalado, sólo le sirve para sabotear su afán de buscar credibilidad y naturalidad, es mejor abandonar el proyecto y dejarlo para el día siguiente. Eso piensa el traductor, devolviendo el tomo al estante. Sólo entonces recuerda que esa misma razón es la que mantiene intacto el poema, intraducible desde la primera vez.
Y el traductor sale a la calle, a sus otros quehaceres, libre y feliz.
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Something there is that doesn’t love a wall.
El traductor piensa que toda pieza literaria debe romper así, enunciando lo que obligó al autor a sentarse y describir su visión particular del asunto a discernir. Un primer verso ejemplar, casi definitivo. El traductor no puede evitar que el instinto le dicte una traslación literal: Algo existe que no ama una pared. Pero tales palabras no parecen recoger la fuerza del original. Es obvio que toda traducción, por exquisita que resulte, será incompleta. No en balde ciertas sonoridades definen las palabras en sus lenguas específicas. Quien escribe, sabe escuchar y acomodar secuencias sobre moldes rítmicos, sonoros, emocionales… El traductor se regaña a sí mismo: “¿Pared, has dicho? ¿Y no tenemos muro, que denota más severidad, más separación?”. Viene entonces: Algo existe que no ama un muro. Pero no ama un muro suena fatal. ¿No podría ser: Algo existe que no gusta de un muro? Otra objeción: al traductor no le parece efectiva esa proximidad entre existe y gusta. A estas alturas las compuertas de la Duda se han abierto. La Duda: esa gran enemiga del oficio. Porque el traductor comienza a sopesar variantes, incluyendo algunas ridículas, exageradas. Veamos: Existe algo que no se lleva bien con los muros. Algo existe que no concibe las demarcaciones. Llega incluso hasta la variante libertaria: Existen cosas que no pueden ser separadas por un muro. Como si fuera la oración que inicia un manifiesto político o artístico. Y cuando tanta incertidumbre, impuesta por el cinismo que los años le han regalado, sólo le sirve para sabotear su afán de buscar credibilidad y naturalidad, es mejor abandonar el proyecto y dejarlo para el día siguiente. Eso piensa el traductor, devolviendo el tomo al estante. Sólo entonces recuerda que esa misma razón es la que mantiene intacto el poema, intraducible desde la primera vez.
Y el traductor sale a la calle, a sus otros quehaceres, libre y feliz.
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Etiquetas:
Apuntes de literatura,
Lengua,
Tradditore
1.13.2009
Aportes a un posible glosario Blogger

-Anomilitancia=Vicio de escribir comentarios anónimos, generalmente atacando al blogger/redactor.
-Blogoide=Blog que se ampara en portal informativo.
-Blogopedismo=Afán de compilar sitios y nombres de blogs.
-Blogorrea=Vicio de escribir sin tener conocimientos básicos de redacción.
-Bloguerismo=Sentido de compañerismo que se crea al tratar de aglutinar blogs afines, fundar asociaciones, y organizar eventos.
-Blogguie=Seguidor incondicional de blogs.
-Bloghetto=Comunidad de sitios destinados a injuriar blogs rivales.
-Chupablogs=Dícese de aquel lector que ha dejado de leer diarios, para informarse en blogs.
-Ciberpeuta=Comentarista que da consejos al blogger.
-Glob=Blog infame.
-Infoblog=Blog que se limita a reproducir noticias tomadas de Internet.
-Laptografía=Errores ortográficos que se atribuyen al hecho de “no tener acentos”.
-Laptosperosis=Enfermedad adquirida por el uso exagerado de ordenador portátil.
-Linkfoma=Enlace que no funciona.
-Linkofilia=Manía de sumar enlaces a cualquier blog que aparezca.
-Necroblogópolis=Lugar virtual adonde van a parar todos los blogs que han cerrado o que dejaron de ser actualizados.
-Póstulo=Dícese del post plagado de errores e incoherencias.
-Wikinauta=Persona de conocimiento enciclopédico consultado.
-Blogoide=Blog que se ampara en portal informativo.
-Blogopedismo=Afán de compilar sitios y nombres de blogs.
-Blogorrea=Vicio de escribir sin tener conocimientos básicos de redacción.
-Bloguerismo=Sentido de compañerismo que se crea al tratar de aglutinar blogs afines, fundar asociaciones, y organizar eventos.
-Blogguie=Seguidor incondicional de blogs.
-Bloghetto=Comunidad de sitios destinados a injuriar blogs rivales.
-Chupablogs=Dícese de aquel lector que ha dejado de leer diarios, para informarse en blogs.
-Ciberpeuta=Comentarista que da consejos al blogger.
-Glob=Blog infame.
-Infoblog=Blog que se limita a reproducir noticias tomadas de Internet.
-Laptografía=Errores ortográficos que se atribuyen al hecho de “no tener acentos”.
-Laptosperosis=Enfermedad adquirida por el uso exagerado de ordenador portátil.
-Linkfoma=Enlace que no funciona.
-Linkofilia=Manía de sumar enlaces a cualquier blog que aparezca.
-Necroblogópolis=Lugar virtual adonde van a parar todos los blogs que han cerrado o que dejaron de ser actualizados.
-Póstulo=Dícese del post plagado de errores e incoherencias.
-Wikinauta=Persona de conocimiento enciclopédico consultado.
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1.11.2009
Envío especial: poemas de Manuel Vázquez Portal
AGUAS DENSAS
Es notoria la uña que escarda el corazón.
Presumo que el amor
anda distante
y temo la infección del vertedero
donde tantos rencores se apacentan.
Huyo de los silbidos
agrios de los insultos,
parto de cada gesto que sonsaque a los monstruos.
Voy nadando tenaz
en estas aguas densas,
rescato del silencio unas flores marchitas,
las como sin aliño
y ofrezco a mi mujer un lirio reinventado.
El miedo es un ciempiés
que muerde las cien fibras frágiles de la sangre.
Las máscaras escupen su horror
sólo a escondidas
y los muertos caminan soñándose mozuelos.
En tanta morbidez pasta el silencio,
se ceba la ceguera.
Yo rescato mi voz de los escombros
e intento descifrar lo que todos sabemos.
DE JOVEN PARECÍA
De joven parecía
que esa artritis fatal de la nostalgia
no rondaría mis huesos,
que en mi barba iracunda,
mitológica,
jamás se posaría el hedor del fracaso.
Fui Tenorio y bribón,
Romeo pasajero, corsario de los vinos.
Vacié a la madrugada sus misterios
deshice los abrazos sin piedad.
Me dijeron
que era rector de los enigmas
y que sólo de luz
se fabricaba la morada del hombre.
Mi inocencia aplaudió
los frágiles milagros del desastre
y crecí como un necio con los ojos cerrados.
No vi engordar las sombras.
Fijé versos de amor
en la prosa feroz de los guerreros,
decapité una rosa
que en la blanda maceta de sus manos
me diera una muchacha
y me hice vengador
de afrentas que a mi rostro no le pertenecían.
No me eximan de andrajos,
yo también soy culpable.
CON UN DULCE SABOR
Un tulipán de doble filo
reposa en tu mirada.
Quisieras acogerme
pero es mucha la sombra, mucha la incertidumbre.
Tu mundo se divide,
se agrietan los senderos,
hay un peligro atroz en las pisadas.
Escorpiones de odio inoculan la furia,
de las hendijas brota
un turbio olor de cólera.
No hay a dónde saltar
sino al averno.
Sobre la cuerda floja
nos miramos
con el dulce sabor del plácido cinismo.
EQUILIBRIO ECOLÓGICO
Habito un pastizal
y cada espiga
motivo es de la guerra.
Sucumbo a los embates de las crueles sequías,
acecha en los breñales fiero depredador.
Comparto en la manada
el miedo a los crepúsculos
el temor al gruñido anterior al zarpazo.
Anda un odio carnívoro por los abrevaderos.
No me pusieron garras.
Soy un sueño indefenso
que de los ojos tristes
le brota una congoja aún sin explicar.
EL GUERRERO
De cándido volver sobre las ruinas
de aquel hombre perplejo, consumido.
Tristeza era su nombre, su apellido.
Tristeza por sus bordes, sus esquinas.
Hundirse en su mirada. Las mezquinas
pobreza ver presente, ver el nido
hecho trizas, su tiempo detenido,
y en su paz interior sólo vitrinas.
Levantar una piedra, ponérsela
en la mano, pedirle que la tire
cuan lejos le dé el brazo. Vérsela
caer exánime, que apenas si la mire,
que se deje vencer, que no se oponga,
ser de gesto y razón sólo una tonga
......de porquería mediocre, desvalida
......que ha jugado a vivir su pobre vida.
LA HORA DE LOS FANTASMAS
Los trenes están muertos y muertas las farolas.
No hay quien mida la música
de tantos empellones
ni el tamaño sutil de las caídas.
Las ventanas son ojos abiertos a la nada
y una muchacha espera
que otro pañuelo triste
diga adiós desde el puerto escondido en las fugas.
Contra la tarde roja
anuncia el campanario
que se ha muerto la luz,
que es hora de fantasmas:
un plato boca abajo es un sombrero lúgubre,
un sueño tonsurado
es un falito feble sembrado en una esquina.
Llevo entonces
mi torpe corazón a solazarse
en las tristes callejas de una ciudad podrida.
LAS BRÚJULAS ERRÁTICAS
Traigo un sinsonte muerto sobre el hombro,
quiero escribir
y lloro.
No encontraréis aquí la placidez del lago,
la luna en el columpio
el aroma perfecto del naranjal en flor
las excusas galantes de un truhán de salones.
En las tardes sombrías en que no fuimos niños,
en que nos despojaron de fábulas y parques,
en las que dispusieron
que seríamos
adorables guerreros del futuro,
adiestraron sin pausa mi joven corazón.
Estoy hecho de azares incompletos,
de brújulas erráticas,
de auroras y discursos que no se cumplirán.
Vago entre los cadáveres de un tiempo que se escapa,
soy
testigo excepcional del cataclismo.
Estos versos no son sino mi sangre
a la cual saco música
a pesar de los gritos de un país que se muere.
Manuel Vázquez Portal (Morón, 1951) Poeta, narrador y periodista. Ha publicado: A mano abierta, Del pecho como una gota, Cantos iniciales, Fábrica de antojos, Amar a fondo, Una guerra por los sueños, Celda número cero, Escrito sin permiso, entre otros. En abril de 2003 fue condenado a 18 años de cárcel por ejercer el periodismo de manera independiente. Fue liberado en 2004 por razones de salud. Ha recibido el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión "Hellman Hammett" que otorga Human Rights Watch. Actualmente reside en Miami y escribe una columna semanal para El Nuevo Herald.
.
Es notoria la uña que escarda el corazón.
Presumo que el amor
anda distante
y temo la infección del vertedero
donde tantos rencores se apacentan.
Huyo de los silbidos
agrios de los insultos,
parto de cada gesto que sonsaque a los monstruos.
Voy nadando tenaz
en estas aguas densas,
rescato del silencio unas flores marchitas,
las como sin aliño
y ofrezco a mi mujer un lirio reinventado.
El miedo es un ciempiés
que muerde las cien fibras frágiles de la sangre.
Las máscaras escupen su horror
sólo a escondidas
y los muertos caminan soñándose mozuelos.
En tanta morbidez pasta el silencio,
se ceba la ceguera.
Yo rescato mi voz de los escombros
e intento descifrar lo que todos sabemos.
DE JOVEN PARECÍA
De joven parecía
que esa artritis fatal de la nostalgia
no rondaría mis huesos,
que en mi barba iracunda,
mitológica,
jamás se posaría el hedor del fracaso.
Fui Tenorio y bribón,
Romeo pasajero, corsario de los vinos.
Vacié a la madrugada sus misterios
deshice los abrazos sin piedad.
Me dijeron
que era rector de los enigmas
y que sólo de luz
se fabricaba la morada del hombre.
Mi inocencia aplaudió
los frágiles milagros del desastre
y crecí como un necio con los ojos cerrados.
No vi engordar las sombras.
Fijé versos de amor
en la prosa feroz de los guerreros,
decapité una rosa
que en la blanda maceta de sus manos
me diera una muchacha
y me hice vengador
de afrentas que a mi rostro no le pertenecían.
No me eximan de andrajos,
yo también soy culpable.
CON UN DULCE SABOR
Un tulipán de doble filo
reposa en tu mirada.
Quisieras acogerme
pero es mucha la sombra, mucha la incertidumbre.
Tu mundo se divide,
se agrietan los senderos,
hay un peligro atroz en las pisadas.
Escorpiones de odio inoculan la furia,
de las hendijas brota
un turbio olor de cólera.
No hay a dónde saltar
sino al averno.
Sobre la cuerda floja
nos miramos
con el dulce sabor del plácido cinismo.
EQUILIBRIO ECOLÓGICO
Habito un pastizal
y cada espiga
motivo es de la guerra.
Sucumbo a los embates de las crueles sequías,
acecha en los breñales fiero depredador.
Comparto en la manada
el miedo a los crepúsculos
el temor al gruñido anterior al zarpazo.
Anda un odio carnívoro por los abrevaderos.
No me pusieron garras.
Soy un sueño indefenso
que de los ojos tristes
le brota una congoja aún sin explicar.
EL GUERRERO
De cándido volver sobre las ruinas
de aquel hombre perplejo, consumido.
Tristeza era su nombre, su apellido.
Tristeza por sus bordes, sus esquinas.
Hundirse en su mirada. Las mezquinas
pobreza ver presente, ver el nido
hecho trizas, su tiempo detenido,
y en su paz interior sólo vitrinas.
Levantar una piedra, ponérsela
en la mano, pedirle que la tire
cuan lejos le dé el brazo. Vérsela
caer exánime, que apenas si la mire,
que se deje vencer, que no se oponga,
ser de gesto y razón sólo una tonga
......de porquería mediocre, desvalida
......que ha jugado a vivir su pobre vida.
LA HORA DE LOS FANTASMAS
Los trenes están muertos y muertas las farolas.
No hay quien mida la música
de tantos empellones
ni el tamaño sutil de las caídas.
Las ventanas son ojos abiertos a la nada
y una muchacha espera
que otro pañuelo triste
diga adiós desde el puerto escondido en las fugas.
Contra la tarde roja
anuncia el campanario
que se ha muerto la luz,
que es hora de fantasmas:
un plato boca abajo es un sombrero lúgubre,
un sueño tonsurado
es un falito feble sembrado en una esquina.
Llevo entonces
mi torpe corazón a solazarse
en las tristes callejas de una ciudad podrida.
LAS BRÚJULAS ERRÁTICAS
Traigo un sinsonte muerto sobre el hombro,
quiero escribir
y lloro.
No encontraréis aquí la placidez del lago,
la luna en el columpio
el aroma perfecto del naranjal en flor
las excusas galantes de un truhán de salones.
En las tardes sombrías en que no fuimos niños,
en que nos despojaron de fábulas y parques,
en las que dispusieron
que seríamos
adorables guerreros del futuro,
adiestraron sin pausa mi joven corazón.
Estoy hecho de azares incompletos,
de brújulas erráticas,
de auroras y discursos que no se cumplirán.
Vago entre los cadáveres de un tiempo que se escapa,
soy
testigo excepcional del cataclismo.
Estos versos no son sino mi sangre
a la cual saco música
a pesar de los gritos de un país que se muere.
Manuel Vázquez Portal (Morón, 1951) Poeta, narrador y periodista. Ha publicado: A mano abierta, Del pecho como una gota, Cantos iniciales, Fábrica de antojos, Amar a fondo, Una guerra por los sueños, Celda número cero, Escrito sin permiso, entre otros. En abril de 2003 fue condenado a 18 años de cárcel por ejercer el periodismo de manera independiente. Fue liberado en 2004 por razones de salud. Ha recibido el Premio Internacional de Libertad de Expresión del CPJ y el Premio Internacional de Libertad de Expresión "Hellman Hammett" que otorga Human Rights Watch. Actualmente reside en Miami y escribe una columna semanal para El Nuevo Herald.
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1.10.2009
Permiso para suicidarme
Que no nos falten las noticias jugosas, ni voluntarios que las propicien. Como esos estudiantes iraníes que piden a sus controladores espirituales la autorización para viajar hasta el frente de combate, y suicidarse en nombre del Islam. Suicidios, claro está, que ocasionarán bajas al enemigo sionista. Bombas de tiempo, incubadas a fuerza de doctrina y vocación de martirologio. Llevan una vida aparentemente calma, pero el tictac es audible. Y visible la mecha que les cuelga del cerebro.
El espectador llega tarde al partido y pregunta quién está ganando. Cuando se trata de un estadio neutral, y no tenemos preferencias, apostamos al que va perdiendo. Es un reflejo natural de quien se dedique a profesar causas de incierto futuro. Otras veces tenemos que defender a quien vive acosado y no encuentra defensor, aunque las posibilidades le favorezcan.
La opinión de los medios descarta la veracidad de las justificaciones israelíes para darle fuego a quien fuego prefiere. Usan el detallismo que ahorran a la hora de enumerar las vicisitudes del estado hebreo.
Más que una refriega ocasional, sabemos aquí lo que se está poniendo en juego. Quien hable de barbarie, que sepa especificar cuál prefiere.
Y que uno no pueda deshacerse de Nietzsche, por más que quiera. Esos que lucran con la lástima y la miseria, merecen ser despeñados, de una vez por todas. Que no vengan a mi puerta a quejarse, con su tictac y su mecha mental.
Nuestra vocación suicida se ceba en esa porción de cinismo que nos falta para encarar la verdad. Así que no nos pidan excavar nuestra propia tumba.
Ojo por ojo, y libre albedrío para decidir si apretamos el gatillo o no.
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El espectador llega tarde al partido y pregunta quién está ganando. Cuando se trata de un estadio neutral, y no tenemos preferencias, apostamos al que va perdiendo. Es un reflejo natural de quien se dedique a profesar causas de incierto futuro. Otras veces tenemos que defender a quien vive acosado y no encuentra defensor, aunque las posibilidades le favorezcan.
La opinión de los medios descarta la veracidad de las justificaciones israelíes para darle fuego a quien fuego prefiere. Usan el detallismo que ahorran a la hora de enumerar las vicisitudes del estado hebreo.
Más que una refriega ocasional, sabemos aquí lo que se está poniendo en juego. Quien hable de barbarie, que sepa especificar cuál prefiere.
Y que uno no pueda deshacerse de Nietzsche, por más que quiera. Esos que lucran con la lástima y la miseria, merecen ser despeñados, de una vez por todas. Que no vengan a mi puerta a quejarse, con su tictac y su mecha mental.
Nuestra vocación suicida se ceba en esa porción de cinismo que nos falta para encarar la verdad. Así que no nos pidan excavar nuestra propia tumba.
Ojo por ojo, y libre albedrío para decidir si apretamos el gatillo o no.
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1.08.2009
Rey Pérez
Por Alcides Herrera
ENTREVISTADO: El nombre del álbum trata de eso. Hasta que me mudé a Nueva York no había visto tantas ratas, no había visto paticas de ratas marcadas sobre una lata de frijoles Goya, mis preferidos. Leptospirosis podría sonarle raro a mi público, ya que mis tres discos anteriores se llamaban Te amaré siempre, Fuego en mi corazón y Eres la más bella rosa, pero tal vez puedan entender que han pasado diez años y uno ha estado leyendo hasta libros en este tiempo. Me he convertido en una persona conciente y debo reconocer que, después de la pobreza mundial y los tsunamis, lo que más me preocupa es contagiarme con la enfermedad de la rata.
CONDUCTOR: Eres impresionante, Rey Pérez. Es la primera vez, en mi larga carrera entrevistando a personalidades de la música, que el entrevistado habla antes que yo y -¿para qué negarlo?- responde justamente la primera pregunta que pretendía hacerle. Le iba a preguntar a Rey Pérez, queridos amigos, por qué le puso Leptospirosis a su cuarto álbum y, como han podido apreciar, se nos ha adelantado.
ENTREVISTADO: Era normal empezar con una pregunta así, ya que vinimos a promocionarlo. ¿Te adivino la siguiente pregunta?
CONDUCTOR: No, por favor... Pero se ve que eres jaranero, Rey Pérez: eso forma parte de tu personalidad... Bueno, en serio: Quiero preguntarte ahora en qué obras de caridad has estado envuelto últimamente. Tú te has caracterizado por ser bastante generoso con tu dinero, pero sabemos que hace seis meses te retiraste de la nómina de benefactores de Adopte en la Distancia a un Niño Pobre y Huérfano de -mejor no mencionamos el país. ¿Qué ocurrió entonces y en qué estás involucrado en la actualidad para satisfacer tu espíritu caritativo?
ENTREVISTADO: Me gustaría no comentar por qué dejé de donar para ese grupo humanitario. Soy muy discreto y no considero que los niños deberían usar cocaína antes de los 18 años. Actualmente estoy pagando la construcción de un asilo, un home, para monjes ya viejitos, monjes budistas, en la falda de una de las montañas del Himalaya, zona con un clima tan saludable para este tipo de personas. Por el momento, aparte de la promoción internacional de Leptospirosis, sólo tengo este monk home en la cabeza. Quiero que todos esos monjes entren al Nirvana tras haber tenido, en sus últimos años, todas las comodidades posibles, en un asilo libre de ratas.
CONDUCTOR: Sin duda a veces nos concentramos en ayudar a los niños, que en realidad tienen un futuro por delante y hasta podrían, digamos, ir empezando a trabajar, y olvidamos a las personas de la tercera edad, aquellos que hoy necesitan ser sostenidos por nuestros brazos, que nos dieron la vida.
ENTREVISTADO: En este caso, estamos hablando de unos monjes célibes: no nos dieron la vida, pero nos dan su ejemplo, que es más importante.
ENTREVISTADOR: Pasando a otro tema: ¿Cuándo empieza la gira promocional de tu nuevo disco y dónde?
ENTREVISTADO: Bueno, el primer concierto va a ser en Sanghiya Loktāntrik Ganatantra Nepāl, particularmente en el Anfiteatro de Katmandú, la capital. De ahí saldré para San Juan, Puerto Rico; luego a París; y luego Vancouver, donde tomaremos un break, pues ya estamos grabando canciones del próximo disco, que se llamará Fe de (e)Ratas.
CONDUCTOR: Te voy a hacer una última pregunta, antes de irnos a comerciales. Piensa bien antes de contestar. Rey Pérez: ¿qué es lo más duro en la vida de un artista?
ENTREVISTADO: Llegar a ser incomprendido en algún momento. Tener que vivir en Nueva York.
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ENTREVISTADO: El nombre del álbum trata de eso. Hasta que me mudé a Nueva York no había visto tantas ratas, no había visto paticas de ratas marcadas sobre una lata de frijoles Goya, mis preferidos. Leptospirosis podría sonarle raro a mi público, ya que mis tres discos anteriores se llamaban Te amaré siempre, Fuego en mi corazón y Eres la más bella rosa, pero tal vez puedan entender que han pasado diez años y uno ha estado leyendo hasta libros en este tiempo. Me he convertido en una persona conciente y debo reconocer que, después de la pobreza mundial y los tsunamis, lo que más me preocupa es contagiarme con la enfermedad de la rata.
CONDUCTOR: Eres impresionante, Rey Pérez. Es la primera vez, en mi larga carrera entrevistando a personalidades de la música, que el entrevistado habla antes que yo y -¿para qué negarlo?- responde justamente la primera pregunta que pretendía hacerle. Le iba a preguntar a Rey Pérez, queridos amigos, por qué le puso Leptospirosis a su cuarto álbum y, como han podido apreciar, se nos ha adelantado.
ENTREVISTADO: Era normal empezar con una pregunta así, ya que vinimos a promocionarlo. ¿Te adivino la siguiente pregunta?
CONDUCTOR: No, por favor... Pero se ve que eres jaranero, Rey Pérez: eso forma parte de tu personalidad... Bueno, en serio: Quiero preguntarte ahora en qué obras de caridad has estado envuelto últimamente. Tú te has caracterizado por ser bastante generoso con tu dinero, pero sabemos que hace seis meses te retiraste de la nómina de benefactores de Adopte en la Distancia a un Niño Pobre y Huérfano de -mejor no mencionamos el país. ¿Qué ocurrió entonces y en qué estás involucrado en la actualidad para satisfacer tu espíritu caritativo?
ENTREVISTADO: Me gustaría no comentar por qué dejé de donar para ese grupo humanitario. Soy muy discreto y no considero que los niños deberían usar cocaína antes de los 18 años. Actualmente estoy pagando la construcción de un asilo, un home, para monjes ya viejitos, monjes budistas, en la falda de una de las montañas del Himalaya, zona con un clima tan saludable para este tipo de personas. Por el momento, aparte de la promoción internacional de Leptospirosis, sólo tengo este monk home en la cabeza. Quiero que todos esos monjes entren al Nirvana tras haber tenido, en sus últimos años, todas las comodidades posibles, en un asilo libre de ratas.
CONDUCTOR: Sin duda a veces nos concentramos en ayudar a los niños, que en realidad tienen un futuro por delante y hasta podrían, digamos, ir empezando a trabajar, y olvidamos a las personas de la tercera edad, aquellos que hoy necesitan ser sostenidos por nuestros brazos, que nos dieron la vida.
ENTREVISTADO: En este caso, estamos hablando de unos monjes célibes: no nos dieron la vida, pero nos dan su ejemplo, que es más importante.
ENTREVISTADOR: Pasando a otro tema: ¿Cuándo empieza la gira promocional de tu nuevo disco y dónde?
ENTREVISTADO: Bueno, el primer concierto va a ser en Sanghiya Loktāntrik Ganatantra Nepāl, particularmente en el Anfiteatro de Katmandú, la capital. De ahí saldré para San Juan, Puerto Rico; luego a París; y luego Vancouver, donde tomaremos un break, pues ya estamos grabando canciones del próximo disco, que se llamará Fe de (e)Ratas.
CONDUCTOR: Te voy a hacer una última pregunta, antes de irnos a comerciales. Piensa bien antes de contestar. Rey Pérez: ¿qué es lo más duro en la vida de un artista?
ENTREVISTADO: Llegar a ser incomprendido en algún momento. Tener que vivir en Nueva York.
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1.07.2009
Memoria de Pedro Llanes
Hace algunos años, publiqué en La Gaceta de Cuba una reseña del poemario Sibilancia, de Pedro Llanes (Placetas, 1962), en la que pretendía defenderle de cierta reputación de autor oscuro y hermético, que se había ganado injustamente, a la par de otras imputaciones salidas de miradas superficiales en torno a su obra. Mi reseña fracasó, en parte porque yo mismo no conseguía zanjar las diferencias entre crítica literaria y paráfrasis cordial. El libro siguió su senda anodina, con su dibujo de mujer desnuda en la portada, con la nota insuficiente del editor y su carga de versos inclasificables. Y realmente, un crítico se las hubiera visto negras a la hora de comentar algo así:
Las tubas suenan: Dile al mandarín Tsung que me he resfriado en Dorenmy,
que debo reposar una semana con estos suntuosos cluniacenses.
Primero, hubieran tenido que trabajar sobre ciertos presupuestos, casi todos falsos: el autor vivía y escribía fuera de época, con toda intención; el autor se refugiaba en lo extemporáneo como recurso estilístico; el autor imitaba sus lecturas clásicas, sin poderlas remontar; el autor buscaba lo estrambótico para refulgir. Tenía que ser alguna de esas posibilidades, pues lo demás era callar o admitir que no existía explicación para semejante propuesta. Por si acaso, el libro fue saludado por dos o tres oficiantes, y designado como rareza en el espectro editorial de aquellos años.
Mejor suerte había corrido con Diario del ángel, cuaderno con que se estrenó la colección Trilce de Ediciones Abril, y que obtuvo el Premio de la Crítica en 1994. El libro-poema marcaba un hito en el entorno que ya venían iluminando los escritores de la generación del 80. Pedro Llanes había sido hasta entonces un oscuro celador, atascado en su pueblo de los laureles, que escribía por las noches y a veces trabajaba la tierra, para ganarse el sustento. Vivía encerrado con sus libros, arañando lenguas muertas y armando su obra, la que leía a sus visitantes con voz temblorosa. “La provincia ha sido para él su convento, la ordinaria cartuja que lo atrapa y golpea hasta ponerlo frente a su mesa de trabajo”, así le describía Bertha Caluff, en el prólogo, quien también trataba de compararle con Lezama en cuanto al desborde de su verbo y sus fruiciones.
Diario del ángel había impresionado a todo tipo de lectores: un poema largo y caótico, enunciativo, lleno de personajes con nombres sonoros, versos repetidos que luego se entrecruzaban y adquirían disímiles sonoridades (un calidoscopio, creo haber escrito de Sibilancia, donde Llanes repetía el mismo recurso), frases cinceladas y cuidadas que se mezclaban con pequeños destellos de candidez y nominaciones insólitas. La influencia lezamiana era apenas discernible, en alguna que otra construcción lexical y en la libertad de usar el término que mejor le conviniese, sin reparar en el hipotético lector inquisitivo. Nada más alejado de Lezama que este poeta de lenguaje transparente, reposado (al menos en la superficie); que mezclaba équites con azafatas, que untaba su simplicidad con los ocres de una pesadilla que giraba y giraba hasta el vértigo.
Pudo entonces sacar de su archivo su libro más discutible, que ya le habían rechazado varios editores. Sonetos de la estrella rota fue asumido por Sed de Belleza, de Santa Clara, y salió publicado bajo su sello. Nada diferente mostraba Pedro, salvo sus peculiares estrofas, hilvanadas con más lujo verbal que pericia estructural. Y el sorprendente Soneto de Babel: catorce versos en catorce lenguas, apabullando a lectores y constructores de torres.
Es bien difícil, creo, clasificar su obra, sobre todo porque aún seguimos cargando, como críticos o simples catadores, el peso del contexto; comparamos, hurgamos en las inflexiones del lenguaje sin pensar en el lenguaje como núcleo y cociente. La poesía viene a cuantificar una proposición y no un discernimiento; a marcar excepciones, por no aletargarse como sumando. Quien se obsesiona por los páramos inexistentes de Placetas, e insiste en dibujarles, está a la vez proponiendo la derogación de su aplastante realidad, sustituyéndola del modo más exagerado, como hace un niño o un poeta. Su poesía, repasada literalmente, insiste e insiste hasta que nos cansa, para bien.
La personalidad de Pedro merece un códice aparte. Su vida de claustro, por fin rota a principio de los años noventa, le hizo tropezar con la practicidad y los usos de un país donde sobrevivir era sondear el agua ciega de un foso, casi siempre. Así comenzó a frecuentar los parajes que antaño evitase, dejando un largo anecdotario por detrás, como personaje venido de otro tiempo y otro feudo. ¿A quién si no a Pedro Llanes se le hubiera ocurrido citar a Mussolini para calmar los ánimos caldeados en un debate de talleres literarios? ¿A quién, si no a él, le hubiera dado por leer un poema de veinte cuartillas sin detenerse a consultar la atmósfera cargada del recinto? Era el tipo de cosas que añadían credibilidad a su escritura. O mejor: la complementaban.
Para bien o mal, Pedro fue rescatado y renumerado por quienes no querían cargarlo en la conciencia. Fue extraído de su soledad municipal y llevado a la ciudad, donde bien pudieran gratificar sus dotes intelectuales. Ha dirigido una revista de cultura, ha publicado otros libros: Icono y ubicuidad (ensayo), El fundidor de espadas (novela), Partitura hecha por el sinsonte (poesía). Ha obtenido varios premios nacionales y ha viajado fuera de la isla. El haberle acompañado a veces, cuando la incertidumbre era nuestro único cáliz, me hace recelar de su salvación terrenal. No es por anatemizar la yacija que le conforta hoy, pues cada quien bebe de la crátera que los dioses le conceden, pero pienso en sus versos atribulados, y en lo que necesitan sustituir ahora que tantas puertas se abren solícitas. Pienso en el color que puedan tener esos páramos que antes le desvelaban. Pienso que toda desolación es retribuida al final con la palabra justa, la impronunciable, y que toda mansión precisa de desvanes donde poder ocultarse, a salvo del fragor.
Yogacharya en el cielo de Flandes
A mi amigo muerto Evelio L.Capote
El maestro Yogacharya asediado por los fantasmas
se esconde en el puesto de los artífices:
el aire de la mañana revuelve el olor de los dólmenes
que bate invisible contra los muros.
Los mandolinistas abren el cielo de Flandes,
empozado en los ojos de Yogacharya.
Un gato pasa a destiempo,
bajo los profusos celajes del sur.
La música de las mandolinas destroza el estanco
donde el gato se junta con él,
para quedar brevemente restituidos,
en el sitio límpido de las cornisas.
Vienen con los caballos los gendarmes azules
atenazados por el silbido del látigo.
Sus cuerpos giran en el aire trémulo
de los bisuteros y el martilleteo de los caballos.
Los unos y los otros ominosos avanzan,
fijos los ojos en el puente de muerte.
El gato se detiene para lamer el silencio,
y justo a la llegada de los gendarmes,
el maestro Yogacharya se marcha
con los mandolinistas que abren el cielo de Flandes.
(Pedro Llanes)
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Las tubas suenan: Dile al mandarín Tsung que me he resfriado en Dorenmy,
que debo reposar una semana con estos suntuosos cluniacenses.
Primero, hubieran tenido que trabajar sobre ciertos presupuestos, casi todos falsos: el autor vivía y escribía fuera de época, con toda intención; el autor se refugiaba en lo extemporáneo como recurso estilístico; el autor imitaba sus lecturas clásicas, sin poderlas remontar; el autor buscaba lo estrambótico para refulgir. Tenía que ser alguna de esas posibilidades, pues lo demás era callar o admitir que no existía explicación para semejante propuesta. Por si acaso, el libro fue saludado por dos o tres oficiantes, y designado como rareza en el espectro editorial de aquellos años.
Mejor suerte había corrido con Diario del ángel, cuaderno con que se estrenó la colección Trilce de Ediciones Abril, y que obtuvo el Premio de la Crítica en 1994. El libro-poema marcaba un hito en el entorno que ya venían iluminando los escritores de la generación del 80. Pedro Llanes había sido hasta entonces un oscuro celador, atascado en su pueblo de los laureles, que escribía por las noches y a veces trabajaba la tierra, para ganarse el sustento. Vivía encerrado con sus libros, arañando lenguas muertas y armando su obra, la que leía a sus visitantes con voz temblorosa. “La provincia ha sido para él su convento, la ordinaria cartuja que lo atrapa y golpea hasta ponerlo frente a su mesa de trabajo”, así le describía Bertha Caluff, en el prólogo, quien también trataba de compararle con Lezama en cuanto al desborde de su verbo y sus fruiciones.
Diario del ángel había impresionado a todo tipo de lectores: un poema largo y caótico, enunciativo, lleno de personajes con nombres sonoros, versos repetidos que luego se entrecruzaban y adquirían disímiles sonoridades (un calidoscopio, creo haber escrito de Sibilancia, donde Llanes repetía el mismo recurso), frases cinceladas y cuidadas que se mezclaban con pequeños destellos de candidez y nominaciones insólitas. La influencia lezamiana era apenas discernible, en alguna que otra construcción lexical y en la libertad de usar el término que mejor le conviniese, sin reparar en el hipotético lector inquisitivo. Nada más alejado de Lezama que este poeta de lenguaje transparente, reposado (al menos en la superficie); que mezclaba équites con azafatas, que untaba su simplicidad con los ocres de una pesadilla que giraba y giraba hasta el vértigo.
Pudo entonces sacar de su archivo su libro más discutible, que ya le habían rechazado varios editores. Sonetos de la estrella rota fue asumido por Sed de Belleza, de Santa Clara, y salió publicado bajo su sello. Nada diferente mostraba Pedro, salvo sus peculiares estrofas, hilvanadas con más lujo verbal que pericia estructural. Y el sorprendente Soneto de Babel: catorce versos en catorce lenguas, apabullando a lectores y constructores de torres.
Es bien difícil, creo, clasificar su obra, sobre todo porque aún seguimos cargando, como críticos o simples catadores, el peso del contexto; comparamos, hurgamos en las inflexiones del lenguaje sin pensar en el lenguaje como núcleo y cociente. La poesía viene a cuantificar una proposición y no un discernimiento; a marcar excepciones, por no aletargarse como sumando. Quien se obsesiona por los páramos inexistentes de Placetas, e insiste en dibujarles, está a la vez proponiendo la derogación de su aplastante realidad, sustituyéndola del modo más exagerado, como hace un niño o un poeta. Su poesía, repasada literalmente, insiste e insiste hasta que nos cansa, para bien.
La personalidad de Pedro merece un códice aparte. Su vida de claustro, por fin rota a principio de los años noventa, le hizo tropezar con la practicidad y los usos de un país donde sobrevivir era sondear el agua ciega de un foso, casi siempre. Así comenzó a frecuentar los parajes que antaño evitase, dejando un largo anecdotario por detrás, como personaje venido de otro tiempo y otro feudo. ¿A quién si no a Pedro Llanes se le hubiera ocurrido citar a Mussolini para calmar los ánimos caldeados en un debate de talleres literarios? ¿A quién, si no a él, le hubiera dado por leer un poema de veinte cuartillas sin detenerse a consultar la atmósfera cargada del recinto? Era el tipo de cosas que añadían credibilidad a su escritura. O mejor: la complementaban.
Para bien o mal, Pedro fue rescatado y renumerado por quienes no querían cargarlo en la conciencia. Fue extraído de su soledad municipal y llevado a la ciudad, donde bien pudieran gratificar sus dotes intelectuales. Ha dirigido una revista de cultura, ha publicado otros libros: Icono y ubicuidad (ensayo), El fundidor de espadas (novela), Partitura hecha por el sinsonte (poesía). Ha obtenido varios premios nacionales y ha viajado fuera de la isla. El haberle acompañado a veces, cuando la incertidumbre era nuestro único cáliz, me hace recelar de su salvación terrenal. No es por anatemizar la yacija que le conforta hoy, pues cada quien bebe de la crátera que los dioses le conceden, pero pienso en sus versos atribulados, y en lo que necesitan sustituir ahora que tantas puertas se abren solícitas. Pienso en el color que puedan tener esos páramos que antes le desvelaban. Pienso que toda desolación es retribuida al final con la palabra justa, la impronunciable, y que toda mansión precisa de desvanes donde poder ocultarse, a salvo del fragor.
Yogacharya en el cielo de Flandes
A mi amigo muerto Evelio L.Capote
El maestro Yogacharya asediado por los fantasmas
se esconde en el puesto de los artífices:
el aire de la mañana revuelve el olor de los dólmenes
que bate invisible contra los muros.
Los mandolinistas abren el cielo de Flandes,
empozado en los ojos de Yogacharya.
Un gato pasa a destiempo,
bajo los profusos celajes del sur.
La música de las mandolinas destroza el estanco
donde el gato se junta con él,
para quedar brevemente restituidos,
en el sitio límpido de las cornisas.
Vienen con los caballos los gendarmes azules
atenazados por el silbido del látigo.
Sus cuerpos giran en el aire trémulo
de los bisuteros y el martilleteo de los caballos.
Los unos y los otros ominosos avanzan,
fijos los ojos en el puente de muerte.
El gato se detiene para lamer el silencio,
y justo a la llegada de los gendarmes,
el maestro Yogacharya se marcha
con los mandolinistas que abren el cielo de Flandes.
(Pedro Llanes)
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Apuntes de literatura,
Transcripciones
1.04.2009
Enrique Ubieta: el grave problema de esquiar
Lo que sigue es una transcripción literal (y valga la redundancia) de una respuesta que trató de esbozar el escudero "cultural" Enrique Ubieta a la pregunta: ¿Cómo te imaginas la Cuba de un futuro inmediato…? Cuando se quiera constatar el nivel de teoría justificativa que esgrime una dictadura militar, hágase este tipo de prueba. Transcríbase una entrevista radial o televisada de uno de estos embajadores de choque, en toda su espontaneidad, y se logrará un resultado como el que se muestra a continuación: incoherencia, verdades consabidas, cretinismo en estado cristalino…
Yo no puedo imaginarme una Cuba que no sea socialista, una Cuba socialista, una Cuba… eh… que ojalá no tenga las trabas económicas para su desarrollo que actualmente tiene, que pueda libremente comerciar con todos los países del mundo, y demostrar o no si sus mo… si su sistema de… de vida es viable o no… no ahora, es decir, cuando tú no puedes demostrar eso si tienes… eh… boxear con otra persona, es decir…que dig… que te digan que boxeas mal si tienes un brazo y una pierna amarrada, ¿no? Es decir… tú tienes que s… dejarme tener los dos brazos y las dos piernas para entonces decir si yo boxeo bien o no (Se pellizca la nariz). Pienso que es una Cuba que va a ir eliminando, digamos, ciertos lastres que también ha acumulado, porque en todo viaje se acumulan…eh… ciertos lastres, es decir… (ininteligible) No sé si tú has visto alguna vez… (Se pellizca la nariz dos veces seguidas) Yo lo he visto porque he viajado en… he viajado el océano Atlántico en barco… es decir… grandes tortugas en el océano… (Se pellizca la nariz) Las tortugas van acumulando musgo sobre la… el carapazón (sic)… (Se pellizca la nariz) Son pequeñas… eh … pequeñas suciedades y pequeñas cositas que el tanto nadar en el ma… en el océano… (Se pellizca la nariz) pues acaban… eh… (Se rasca la cabeza) acumulándose en el carapazón (sic) de la… En la vida pasa eso también, y a veces tú tomas medidas que son… racionales y que responden a un… a un momento determinado en la historia y después sigues arrastrando con ellas (sic) cuando ya dejan de tener se… sentido. (Se pellizca la nariz) Yo creo que ahí… eh… iremos avanzando en la limpieza de ese carapazón (sic)… en ir eliminando obstáculos que son pequeños pero que… eh… uno al lado del otro pueden constituirse en obstáculos grandes que nosotros mismos nos hemos… eh… fabricado, no i… de manera totalmente irracional porque han tenido su racionalidad mo… histórica, pero que en estos momentos no son racionales. (Se pellizca la nariz) Hemos empezado a hacerlo y creo que va a haber un movimiento hacia eso. Nosotros vamos a perfeccionar el socialismo. ¿Qué es el socialismo? ¿Cómo es el socialismo? Es una respuesta que no la hay en ningún manual. Los manuales se acabaron… sencillamente… eh… el grave problema de esquiar… yo pongo otro ejemplo… eh… el grave problema de esquiar. Bueno, un cubano siempre esquía mal, por supuesto… (Risas) Pero bueno, cuando el… alguna vez en mi vida intenté hacerlo ¿no? Es que… si tú vas por el trillo que otro marcó adelante de ti (sic) es relativamente fácil, pero si entras en la nieve… eh… donde nadie ha pasado jamás… bueno, las veces que lo intenté hacer rodé por el piso (sic) y partí la… la… las dos… eh… los dos esquíes, ¿no? Es decir, es difícil. Bueno, eso está claro que es difícil…
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1.02.2009
Experimentos de taller: Poema hecho con versos de autores espirituanos

COMO SI LA FLOR MUERTA REGRESARA A LA RAMA
Yo compadezco al viajero que regresa por el mismo camino
como un cirio tenaz y silencioso,
su estela más leve que la noche.
Es imposible revocar la distancia que nos lleva
hacia la otra punta donde el hilo es el fin
porque toda transparencia resulta una alambrada.
Fue grato extenuarse, dormir como espectros
bajo alas lucientes,
entre rumor y silencio, entre silencio y letra.
Hemos crecido sin saber elegir el antifaz
que nos igualará el rostro,
buscando en la humedad alguna joya falsa
para engañar al ángel.
Aquí sólo elegirás entre mi cuerpo y el sol,
llevar el nombre misterioso que arrastra una señal.
La sorpresa justifica la primera luz
y la realidad es tan oscura como cualquier proeza humana.
Quien tenga la estrella déjese sangrar por el viento.
La muerte no conoce las caras en la niebla.
Yo vi el árbol, la humedad de su cobija,
lo que en el árbol queda de nosotros
y mi locura atada al borde de unos libros.
Lo puro, lo bello, lo perdurable
no son sino un relámpago,
el mármol y su vuelta a la ceniza,
las olas ausentes como el ángel de la tarde.
Si en toda contención hay un alarido
sea la muerte un buen camino entre flores secas,
hilo que del río sube a las cruces del alba.
Otro por mí recibirá las monedas lavadas con sangre,
un milagro para las manos, devueltas al puñal.
La niebla es niebla y no flauta de engaño:
por esa helada quietud se han marchado los amigos
como pasos negros sobre la escarcha.
He esperado por Dios sentado en el camino,
y sobre el fresno sigue el pájaro
como un girasol que se abre
o como el que se derrama en la sombra.
Me doy a un sitio, no al murmullo de Dios,
y el doncel trabaja en su estela,
frágil el papel para tentar la historia.
He repasado en sueños todas las doctrinas
y he escogido la más terrible: estar despierto.
Soy una flecha rota dibujada en la piedra,
en el pasto sereno de quienes agonizan,
y acabo siendo el aire doloroso que tumbará la casa.
Mi ser como una rodaja sobre el filo del cuchillo
en ese espacio que la tristeza siempre cede al goce,
esa piel que la cubre con su cristal inmune
y se apresta para que la injurien o la echen a rodar.
No permitamos que la tierra nos guarde
como los héroes que no fuimos;
que no es posible salvar la madera acariciada
por los cuchillos y el candelabro.
Que sea, en esta Villa, salvación,
el cisma, la inquietud de quien porta
el arma de la voz.
Un barco cruza, como un juguete fantástico
los límites desde un espejo roto,
pero el asombro nace en el espejo del tiempo.
El camino de regreso es un camino perdido.
AUTORES:
Alpidio Alonso=verso 21
Rubén Fernando Alonso= versos 17, 18 y 27
Reinol Cruz=verso 59
Juan E. Bernal Echemendía= verso 45
Sonia Díaz= versos 46 y 58
Vicente Echerri=verso 48
Hermes Entenza= versos 20 y 41
Manuel Alberto García= verso 34
Rosa María García= verso 49
Reynaldo García Blanco= versos 36, 50, 53 y 54
Aris Garit= verso 15
Manuel González Bustos=versos 3, 47, 51 y 52
Alcides Herrera Duarte= verso 55
Doralkis León= verso 16
Fernando León Jacomino= verso 26
Octavio Larralde=verso 60
Juan M. López= versos 1, 10, 11, 28, 30 y 61
Ángel Martínez Niubó= verso 14
Pedro Mendigutía= versos 6 y 39
Héctor Miranda=título, versos 12, 13, 35 y 44
Edel Morales= verso 33
Liudmila Quincoses= versos 19, 23, 24, 42 y 43
Gustavo Ramos= verso 40
Rigoberto Rodríguez Entenza= versos 4, 5, 29, 37 y 38
Esbértido Rosendi= verso 32
Alberto Sicilia= versos 9, 22, 56 y 57
Manuel Sosa= compilación, versos 7, 8 y 31
Carlos Sotolongo= verso 2
José M. Valdivia= verso 25
Yo compadezco al viajero que regresa por el mismo camino
como un cirio tenaz y silencioso,
su estela más leve que la noche.
Es imposible revocar la distancia que nos lleva
hacia la otra punta donde el hilo es el fin
porque toda transparencia resulta una alambrada.
Fue grato extenuarse, dormir como espectros
bajo alas lucientes,
entre rumor y silencio, entre silencio y letra.
Hemos crecido sin saber elegir el antifaz
que nos igualará el rostro,
buscando en la humedad alguna joya falsa
para engañar al ángel.
Aquí sólo elegirás entre mi cuerpo y el sol,
llevar el nombre misterioso que arrastra una señal.
La sorpresa justifica la primera luz
y la realidad es tan oscura como cualquier proeza humana.
Quien tenga la estrella déjese sangrar por el viento.
La muerte no conoce las caras en la niebla.
Yo vi el árbol, la humedad de su cobija,
lo que en el árbol queda de nosotros
y mi locura atada al borde de unos libros.
Lo puro, lo bello, lo perdurable
no son sino un relámpago,
el mármol y su vuelta a la ceniza,
las olas ausentes como el ángel de la tarde.
Si en toda contención hay un alarido
sea la muerte un buen camino entre flores secas,
hilo que del río sube a las cruces del alba.
Otro por mí recibirá las monedas lavadas con sangre,
un milagro para las manos, devueltas al puñal.
La niebla es niebla y no flauta de engaño:
por esa helada quietud se han marchado los amigos
como pasos negros sobre la escarcha.
He esperado por Dios sentado en el camino,
y sobre el fresno sigue el pájaro
como un girasol que se abre
o como el que se derrama en la sombra.
Me doy a un sitio, no al murmullo de Dios,
y el doncel trabaja en su estela,
frágil el papel para tentar la historia.
He repasado en sueños todas las doctrinas
y he escogido la más terrible: estar despierto.
Soy una flecha rota dibujada en la piedra,
en el pasto sereno de quienes agonizan,
y acabo siendo el aire doloroso que tumbará la casa.
Mi ser como una rodaja sobre el filo del cuchillo
en ese espacio que la tristeza siempre cede al goce,
esa piel que la cubre con su cristal inmune
y se apresta para que la injurien o la echen a rodar.
No permitamos que la tierra nos guarde
como los héroes que no fuimos;
que no es posible salvar la madera acariciada
por los cuchillos y el candelabro.
Que sea, en esta Villa, salvación,
el cisma, la inquietud de quien porta
el arma de la voz.
Un barco cruza, como un juguete fantástico
los límites desde un espejo roto,
pero el asombro nace en el espejo del tiempo.
El camino de regreso es un camino perdido.
AUTORES:
Alpidio Alonso=verso 21
Rubén Fernando Alonso= versos 17, 18 y 27
Reinol Cruz=verso 59
Juan E. Bernal Echemendía= verso 45
Sonia Díaz= versos 46 y 58
Vicente Echerri=verso 48
Hermes Entenza= versos 20 y 41
Manuel Alberto García= verso 34
Rosa María García= verso 49
Reynaldo García Blanco= versos 36, 50, 53 y 54
Aris Garit= verso 15
Manuel González Bustos=versos 3, 47, 51 y 52
Alcides Herrera Duarte= verso 55
Doralkis León= verso 16
Fernando León Jacomino= verso 26
Octavio Larralde=verso 60
Juan M. López= versos 1, 10, 11, 28, 30 y 61
Ángel Martínez Niubó= verso 14
Pedro Mendigutía= versos 6 y 39
Héctor Miranda=título, versos 12, 13, 35 y 44
Edel Morales= verso 33
Liudmila Quincoses= versos 19, 23, 24, 42 y 43
Gustavo Ramos= verso 40
Rigoberto Rodríguez Entenza= versos 4, 5, 29, 37 y 38
Esbértido Rosendi= verso 32
Alberto Sicilia= versos 9, 22, 56 y 57
Manuel Sosa= compilación, versos 7, 8 y 31
Carlos Sotolongo= verso 2
José M. Valdivia= verso 25
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1.01.2009
Proverbios

Rogad al hombre no arrojarse al fulgor, no dejarse cegar por tanta brillantez y le invadirá un escozor de mariposas nocturnas.
Bienaventurado aquel que huye de sí mismo y jamás lo consigue.
Ceded la primacía al viaje interior y se multiplicarán las dimensiones y los itinerarios.
El baúl rebosante nada puede contra la hondura de la memoria.
Defender géneros y linajes: un instinto de bestias.
No se aplaude el sentido del discurso, sino sus énfasis.
Cuando la llaga desaparece sobreviene entonces el calvario de las evocaciones.
Por cada instante insalvable un peldaño menos en el descenso al Averno.
Cuando el cronista pretende ser imparcial cuenta la historia posible, la que nunca ocurrió.
Transitar muchos caminos no se equipara al gozo de transitar ciertos caminos muchas veces.
El deseo y el provecho nunca han sido ingredientes de la eventualidad.
Mejor rendirnos a lo improbable antes que a lo imposible, por si cambiamos de parecer.
Bienaventurado aquel que huye de sí mismo y jamás lo consigue.
Ceded la primacía al viaje interior y se multiplicarán las dimensiones y los itinerarios.
El baúl rebosante nada puede contra la hondura de la memoria.
Defender géneros y linajes: un instinto de bestias.
No se aplaude el sentido del discurso, sino sus énfasis.
Cuando la llaga desaparece sobreviene entonces el calvario de las evocaciones.
Por cada instante insalvable un peldaño menos en el descenso al Averno.
Cuando el cronista pretende ser imparcial cuenta la historia posible, la que nunca ocurrió.
Transitar muchos caminos no se equipara al gozo de transitar ciertos caminos muchas veces.
El deseo y el provecho nunca han sido ingredientes de la eventualidad.
Mejor rendirnos a lo improbable antes que a lo imposible, por si cambiamos de parecer.
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