
Siempre lo supimos: entre todas las puertas posibles, estaba la de Félix Pestana. Cuando pocas se abrían, alrededor de la suya gravitaban la posibilidad y la franqueza. En un ámbito de enigmas y dobles significados, esa franqueza servía de sustento a quienes andábamos haciendo preguntas, buscando símbolos y tropezando con nuestra propia vanidad. Más que el rigor de una disciplina y su aprendizaje, Pestana nos enseñaba el difícil arte de borrar astucias y tomarnos en serio. Todavía, cuando rehusamos el tono artificial de ciertos compromisos, lo hacemos con su voz. ¿Cómo se podía mantener esa agudeza y sobriedad sin ser aplastados por las convenciones, sin que la dinámica del fervor nos hiriera y nos descartara? No teníamos que ir lejos, porque existía aquella puerta. El hombre tiene dentro de sí todos los veredictos, y a veces precisa de un asidero para recobrar aliento y reconsiderar las preguntas que se hace. Ningún virtuosismo complementa la ejecución, si falta el conocimiento propio y la tonalidad que se precisa para magnificarla. Félix Pestana poseía muchas claves de iluminación, y le bastaba insinuarlas en un dibujo, en alguna toma caprichosa del crepúsculo, en una conversación. Quizás hasta en una salida imprevista, cuando nos despedía en la acera y pensaba que era la última vez. A mí no tienen que preguntarme, pero yo sé que a esta hora anda con las manos embadurnadas, repasando esas paredes que sabe suyas, cegado por la luz, comprobando la veracidad de un paisaje que ya no lo dejará salir nunca más.
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9 comentarios:
un abrazo, compartido, sonia
oye compay, te espero esta semana en el platanal del haitiano Esquipe. Ya empecé a destilar el chispetrén de que te hablé.
abrazo
Ar. Zol A. ;)
oye compay, te espero esta semana en el platanal del haitiano Esquipe. Ya empecé a destilar el chispetrén de que te hablé.
abrazo
Ar. Zol A. ;)
....''temprano levanto la muerte el vuelo'' yo era mas chamaco, pero yo iba al mismo taller de pintura donde el asistía para conversar con sus amigos (mis profesores) siempre me llamaba la atención la forma en que veía algunos rincones de la ciudad como, la quinta de Santa Elena, viejas ventanas,ruinas bajo un cielo de medio día...''no perdono a la muerte enamorada''
Sosa, soy Luis, en Montreal. Bro, no puedo dejar de pensar en Pestana. Cuàntas cosas estarìa haciendo, a mitad de terminar, cuàntas otras hubiese tenido en planes?? Disculpa este cotorreo sin sentido, pero hay cosas que de veras duelen tanto. Gracias por tus palabras para él. Un saludo, hermano!!
Gracias a ustedes, amigos.
El amigo Félix Pestana cruzó el río; solo me consuela el saber que ya, después de tantos años, logró hartarse de respuestas, esas que intuía, soñaba y mezclaba con café y aceite de linaza.
Llorar. Esperar. Ver.
(alcides)
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